viernes, 24 de marzo de 2017

Magia y tablas de maldición en Roma

Resulta complejo explicar qué se entendía, en el mundo antiguo en general y en el romano en particular, por el concepto de magia; usualmente, suele ser definido como la totalidad de conocimientos y prácticas destinadas a controlar, o al menos a conocer, los efectos de la Naturaleza con el fin último de influir sobre ellos en beneficio propio. La magia, pues, se definía por su carácter manipulativo hacia las potencias superiores. En términos muy simples, en el mundo romano se podían diferenciar dos tipos de magia, una benigna y otra maligna. Las fuentes clásicas hacen referencia a estos dos tipos de magia cuando Heliodoro en sus Etiópicas (Hel. Et. 3, 16, 3-4) defiende: "Hay que distinguir dos tipos diferentes [de magia]: una es vulgar y, por decirlo así, camina sobre la tierra; es servidora de ídolos y da vueltas entre cuerpos de cadáveres (...) La otra, en cambio (...), la que verdaderamente hay que llamar sabiduría (...), mira a lo celestial, convive con los dioses y participa en su poder connatura"

Estas dos actividades mágicas son definidas con dos términos griegos que definen estos diferentes "niveles" dentro de dichas prácticas: la magia, teurgia, y la hechicería, goetía, a las que se relacionan los términos de hechiceras (sagae) y magos (magi) respectivamente.La primera de ellas aparece en la literatura romana, casi en exclusividad en manos de mujeres, aunque este hecho no influya en que, en la realidad, la goetía no haya sido empleada también por hombres. Por el contrario, los hombres están relacionado con un tipo de magia más especializada que requería un mayor grado de conocimiento, que estaba unida a las religiones mistéricas y a los sistemas filosóficos clásicos y era considerada una verdadera techné.

En multitud de ocasiones, sin embargo, las prácticas mágicas están íntimamente vinculadas, siendo imposible en ciertos casos diferenciar entre actividades vinculadas con la goetía o con la teurgia, aunque en general, la principal diferencia es que ésta última está considerada a nivel público como una actividad que logra beneficios para el cómputo de la sociedad y, por tanto, no estaba penalizada ni a nivel social ni a nivel jurídico como lo estaba la goetía. Así pues, esta categoría de magia negra, la goetía, era la que definía en el mundo romano la naturaleza de las prácticas mágicas realizadas por mujeres, cuyo conocimiento nos es transmitido sólo a través de la literatura latina en contraposición a la figura del magus. Las actividades mágicas eran tratadas de una forma u otra en función no del rito realizado sino del sexo de quien oficiaba la práctica.

Las tablillas de maldición, conocidas como tabellae defixionum o defixiones, son una de las fuentes fundamentales para el estudio de la magia en el mundo antiguo. Su principal función era someter a la víctima de la voluntad del defingens, el que realizaba o encargaba a un profesional del mundo mágico la realización del rito de la defixio. El término defixio proviene del verbo latino defigere, cuyo significado lateral es "clavar" aunque, según la tradición, tendría un significado más siniestro, relacionado con "entregar a alguien a los poderes del infierno". A través de estas tablillas, el defingens entregaba a los dioses, generalmente a los dei inferi, mediante un acto mágico a sus enemigos con un objetivo claro de venganza, mostrando la naturaleza perjudicial y nociva que caracterizaba a todos estos objetos mágicos.

Cronológicamente, las tabellae defixionum abarcan una extensión relativamente amplio. Las primeras muestras arqueológicas son fechadas alrededor del siglo V a.C., con una pervivencia que dura hasta el siglo V d.C. Las tabellae defixionum están formadas en un primer momento solamente por la enumeración de los nombres de las personas que se entregaban en maleficio a los dei inferi, evolucionando su composición hasta tabellae en donde llegaron a inscribir un gran cúmulo de palabras, frases, símbolos e imágenes.

En el mundo clásico se creía ciegamente en la posibilidad de maldecir a alguien a través de la palabra estuviera presente o no la víctima de dicho maleficio y, por tanto, se generaron durante siglos toda una serie de ritos cuyo fin principal era el de crear un vínculo con las divinidades infernales con el fin de lograr los objetivos previstos. Unos deseos que frente a la dificultad de conseguirlos a través de las leyes naturales, de las vías "legales", eran buscados con prácticas que pretendían alterar la realidad existente, Junto a la maldición a través de la palabra se consideraba uno de los ritos mágicos más efectivos el escribir los maleficios sobre láminas de materiales diversos, donde el plomo era el soporte más común, para posteriormente ser enrollados, una vez que se pronunciaban una serie de fórmulas y de palabras mágicas que invocaban a las divinidades deseadas; a continuación se procedía a atravesar las tabellae generalmente con clavos de hierro, materializándose de este modo el sentido mismo de execración.

Como muestra la documentación formada por los Papiros Mágicos Griegos, fuente principal para conocer las normas que regían estos ritos, para que los mismos tuviesen la efectividad deseada era esencial, una vez producida la lámina, depositarlas en un lugar adecuado. Estos espacios eran zonas que, según la tradición, estaban vinculadas con el paso al Más Allá, como las fuentes, los cursos fluviales o ciertos lugares próximos a la víctima de la defixio como su hogar. Además, los santuarios de las divinidades ctónicas eran zonas frecuentes en las que se depositaban las tablillas con el fin de que estas divinidades que estaban, según la tradición, en contracto con el submundo, junto con los dei inferi, favoreciesen el cumplimiento de la plegaria realizada en la defixio.

Arqueológicamente, el mayor número de tablillas han sido halladas en necrópolis, tanto dentro del sepulcro como en espacios próximos. En la antigua Roma, la praxis mágica en relación a las tabellae defixionum estaba sumamente vinculada a la necesidad de recurrir a fallecidos de forma prematura o en condiciones violentas que no han sido enterrados según los procedimientos de la religión oficial y, por tanto, vagaban sedientos de sangre al no haber logrado el descanso definitivo -ver nuestro anterior artículo La maldición tras el epitafio-. Se suelen diferenciar tres grupos de difuntos en relación con sus características; aquellos fallecidos que sufrieron una mors immatura, generalmente niños, mujeres en el parto y jóvenes que no han contraído matrimonio; aquellos muertos fallecidos de forma violenta; y finalmente, aquellos humanos que tras su muerte no recibieron las honras fúnebres adecuadas.

Se conocen más de 1.600 tablillas, la mayoría de las cuales están escritas en griego, aunque el latín sigue siendo la lengua imperante en las tablillas halladas en el Occidente del Imperio. Cabe mencionar que existe un número escaso de tablillas que han sido encontradas acompañadas de una serie de figuras que representaban el cuerpo del defixus, de la víctima, una especie de "muñecos vudú" que realmente eran pequeñas figuras de plomo, arcilla o cera, que completaban el ritual mágico de someter a la persona representada a la voluntad del defigens. En cuanto a los materiales, destaca la supremacía del plomo. Tradicionalmente se ha defendido el uso del plomo por su bajo coste, la facilidad que da para realizar inscripciones y su composición, haciendo del plomo el material mejor adaptado para las necesidades que lleva consigo el buen funcionamiento del rito de las tabellae defixionum. Sin embargo, el plomo se relaciona fuertemente con el mundo funerario, puesto que era sinónimo de desgracia y muerte vinculado directamente con el temido dios Saturno, hecho que se observa además en la naturaleza del metal, en su aspecto de palidez y frialdad. Con todo, tanto a nivel arqueológico como literario, se conservan testimonios que documentan el uso de otro tipo de metales tales como estaño y cobre.

Se ha clasificado las defixiones en cinco categorías en función del fin que los defigentes buscasen con la realización de las tablillas. Nos encontramos con defixiones agonísticas, caracterizadas por su contexto deportivo cuyo fin sería la victoria sobre todo en las carreras circenses sobre otros rivales. Las tablillas realizadas en ámbito de lograr justicia por parte del defigens en diversas causas; las relacionadas con intercambios comerciales; las localizadas en contextos judiciales; y, sobre todo, las tablillas eróticas o de motivos amorosos, que buscaban tanto la separación entre dos amantes como el amor incondicional de una persona sobre el definges que realizaba la defixio.

A continuación, como en artículos anteriores -tales como La pasión por las carrerasLos peligros del parto en Roma En memoria del amigo más fiel- os dejamos algunos ejemplos. ¡¡Esperamos que os gusten!!

*  *  *  *

El primer ejemplo, AE 2008, 702, fue hallado en la antigua Britannia, en concreto en lo que fuera la ciudad de Ratae Coritanorum, hoy Leicester. Como es lo más frecuentes, se realizó en plomo.

D{a}eo Maglo od eu{u}m qui fr(a)udem
fecit de pa(e)d(ag)o(g)io od el{a}eum qui
furtum de pada(g)o(g)ium sa(g)um
qui sa(g)um Servandi invola-
vit 
S[il]vester Ri(g)omandus
S[e]nelis Venustinus
Vornena
Calaminus 
Felicianus
Ruf{a}edo
Vendicina
Ingenuinus
Iuventius
Alocus
Cennosus
Germanus
Senedo
Cunovendus
Regalis
Ni(g)ella
[[S[enic]ianus]]
od ant{a}e nonum diem
illum tollat
qui sa(g)um involavit Servandi

"Al dios Maglus, le doy al ratero que ha robado la capa a Servandus. Silvestre, Riomandus... (sigue una lista de aproximadamente 18 sospechosos)... Que lo destruya antes del noveno día, la persona que robó la capa a Servandus"

*  *  *  *

Del otro extremo del Imperio, proviene AE 1893, 27, en concreto de Hadrumetum, hoy en Túnez. Hallada en la tumba de un niño, nuevamente es de plomo y mide 11 por 9 cm, estando grabada por ambas caras. En la primera de ellas, hallamos grabado un demonio con una cresta de gallina sobre la cabeza; en su mano derecha sostiene un vaso con un asa; en la izquierda, un largo pie rematado en un lámpara, o quizás un incensario. De pie sobre un esquife, en su pecho puede leerse quizás su nombre (Baitmo / Arbit/to) o algunas palabras mágicas (Antmo / arait / to). Tras él hay grabadas más palabras mágicas de significado desconocido (Cuigeu / censeu / cinbeu / perfleu / diarunco / deasta / bescu / berebescu / arurara / baxagra). Sobre el esquife se encuentran los siguientes nombres: Noctiuagus, Tiberis, Oceanus... pertenecientes quizás a caballos. El sentido de la inscripción es claro: el autor, seguramente un auriga perteneciente a la facción roja o la azul o un seguidor de la misma, recurre a la ayuda de un demonio para eliminar a los aurigas y a los caballos de las facciones rivales, tal como deja claro la otra cara de la inscripción.

Adiuro te d(a)emon qui-
cumque es et demando ti-
bi ex (h)a{n}c (h)ora ex (h)a{n}c di-
e ex (h)oc momento ut equos
prasini et albi crucies
oc(c)idas et agitatore(s) Cla-
rum et Felice(m) et Primu-
lum et Romanum oc(c)idas
collida(s) neque spiritum
illis relinquas adiuro te
per eum qui te resolvit
temporibus deum pelagi-
cum aerium Iao Iasdao

"Te conjuro, demonio, quienquiera que seas, y te pido que desde esta hora, desde este día, desde este momento, a los caballos de los Verdes y de los Blancos, tortures y mates y hagas chocar a los aurigas Claro, Félix, Prímulo y Romano y (los) mates, y ni el espíritu de ellos dejes; te conjuro a través de éste que te desligó para siempre, el dios del mar y del cielo"

*  *  *  *


Del mismo corazón del Imperio, proviene CIL VI 140, una tablilla plomo de 12 x 27 cm hallada en la Vía Latina de Roma en el interior de un sepulcro. La defixio fue creada con el fin de encomendar a una mujer, Rhodine, a un Dis Pater para que ésta no pudiera complacer a un hombre, Marco Licinio Fausto:

Quomodo mortus qui istic
sepultus est nec loqui
nec sermonari potest s{e}ic
Rhodine apud M(arcum) Licinium
Faustum mortua sit nec
loqui nec sermonari possit
ita uti mortuus nec ad deos
nec ad homines acceptus est
s{e}ic Rhodine apud M(arcum) Licinium
accepta sit et tantum valeat
quantum ille mortuus qu{e}i
Istic sepultus est Dite Pater Rhodine(m)
tib{e}i commendo uti semper
odio sit M(arco) Licinia Fausto
item M(arcum) Hedium Amphionem
item C(aium) Popillium Apollonium
item Vennonia(m) Hermiona(m)
item Sergia(m) Glycinna(m)

"Del mismo modo que el muerto que está ahí enterrado no puede hablar ni conversar, así Rhodine junto a Marco Licinio Fausto sea muerta y no pueda hablar ni conversar. Así como el muerto no ha sido acogido junto a los dioses ni junto a los hombres, así Rhodine no sea recibida junto a Marco Licinio y tenga tanta salud como el muerto que está ahí enterrado. Dis Pater, te encomiendo a Rhodine, que siempre sea objeto de odio para Marco Licinio Fausto. Igualmente a Marco Hedio Anfión, igualmente a Cayo Popilio Apolonio, igualmente a Venonia Hermiona, igualmente a Sergia Glicina"


Fotografía primera: Hécate, diosa de la magia
Fotografía segunda: Papiro mágico griego
Fotografía tercera: Figura de arcilla usada en ritual mágico 

viernes, 3 de marzo de 2017

Las últimas palabras de Nerón

A finales del año 67 o principios del 68, Cayo Julio Vindex, gobernador de la Galia Lugdunensis, se rebeló contra la autoridad del emperador Nerón. Éste enviaría a Lucio Verginio Rufo, gobernador de la Germania Superior, a sofocar la revuelta, y Vindex pidió ayuda a Servio Sulpicio Galba, gobernador de Hispania Citerior, quién sería proclamado nuevo César por su ejército. Verginio Rufo, sin embargo, derrotaría en batalla a Vindex cerca de Vesontio (actual Besançon) y éste se suicidaría; Galba fue declarado, de inmediato, enemigo público por el Senado romano.

Nerón había recuperado así el control militar del Imperio en pocos días, pero su tiempo como César tocaba a su fin. En junio, traicionado por las cohortes urbanas y la guardia pretoriana, ambas sobornadas por Icelo, liberto de Galba, es declarado en su lugar enemigo público y condenado al castigo reservado en exclusiva a los parricidas por el Senado, el cual no tarda en reconocer nuevo emperador a Galba. Nerón huyó de inmediato por la Via Salaria hasta la villa de su liberto Faón, en la que se suicidó un 11 de junio del año 68 con la ayuda de su secretario, Epafrodito. Sus últimas palabras, según Casio Dio y Suetonio, fueron: ¡Qué artista muere conmigo!, en referencia a su afición a tañer la lira y actuar ante el público en la tragedia y la pantomima.

Sin embargo, ¿es ésta afirmación cierta? En realidad, ni fueron sus últimas palabras ni posiblemente quiso decir eso. Vayamos a las fuentes clásicas. Con sentido dramático, sería Casio Dio quién las dejó para el mismo final: “De ese modo se mató, luego de pronunciar esa observación tantas veces citada: ¡Júpiter, qué artista perece conmigo!”.Suetonio, en cambio, las sitúa antes, justo después de la llegada de Nerón a la villa suburbana:
“Al final, mientras sus compañeros lo exhortaban unánimemente a salvarse tan pronto como fuera posible de las indignidades que lo amenazaban, él les ordenó que cavaran en su presencia una fosa proporcionada a la talla de su persona, reunieran todos los fragmentos de mármol que pudieran encontrar y al mismo tiempo llevaran agua y madera para disponer al cabo de su cuerpo. Mientras cada una de esas tareas se cumplía, Nerón sollozaba y repetía una y otra vez: ¡Qué artista pierde el mundo! -Qualis artifex pereo!-”
Los lectores modernos, influidos por la imagen de Nerón trasmitida por las fuentes antiguas y difundida entre el gran público por obras como Quo Vadis? -tanto la novela de Henryk Sienkiewicz como sobre todo la película de 1951 con un magnífico Peter Ustinov en el papel de Nerón-suelen malinterpretar constantemente estas últimas palabras. El término Artifex ,en el latín de Suetonio, o technites, en el griego de Casio Dio, pueden significar ambos efectivamente “artista” en el sentido de intérprete, pero también “artesano”. En este caso, el contexto es esencial: Nerón está dirigiendo la construcción de su última morada... y no era la primera edificación de la que se hacia cargo.
Una de las facetas más desconocidas de Nerón como emperador es su gran labor como constructor, debido en gran parte al incendio del año 64 que arrasó Roma casi por completo y a las posteriores edificaciones de época Flavia sobre construcciones neronianas; las termas de Tito y el Coliseo sobre los restos de la Domus Aurea son ejemplo de ello. A parte de esta, su Casa Dorada, su más famosa obra, y la reconstrucción de Roma después del ya mencionado incendio, Nerón inició en el monte Celio un templo dedicado al divino Claudio; concluyó un nuevo puerto en la ciudad de Ostia y el acueducto conocido como Acqua Claudia; en la colina Vaticana, finalizó el Circo que diseñara su tío Calígula en los jardines de Agripina la Mayor; en el Campo de Marte, levantó un gran complejo termal junto a los baños de Agripa y un nuevo anfiteatro que sustituyera al de Statilio Tauro, ambos de época de Augusto; en el Celio, construyó el Macellum Magnum o Augusti, un gran mercado de alimentos; ayudó a la reconstrucción de Pompeya tras el terremoto del año 62, etc.
Obras de gran envergadura todas ellas en las que Nerón sin duda debió pensar en el momento de pronunciar aquel amargo Qualis artifex pereo! mientras contemplaba la edificación de su sepultura, no una gran tumba digna de un César, comparable al mausoleo que su antepasado Augusto levantara en el Campo de Marte, sino un patético agujero en la tierra. Imposible que no percibiera el contraste entre el gran artista que fue antaño, levantando casi de la nada una nueva Roma, y el lamentable artesano en el que se ha convertido en sus últimas horas. Nerón, por tanto, no llora de forma egoísta y egocéntrica por el artista que con su muerte pierde el mundo, si no por lo bajo que ha caído.


¿TE HA GUSTADO? No te pierdas entonces: 
-Nuestra biografía sobre NerónParte 1 Parte 2
-Nuestros relatos sobre el emperador: 
          -La dulce Actea 
          -Naumaquia 
          -Eunuco Imperial  
          -Los fantasmas de Nerón

viernes, 24 de febrero de 2017

La pasión por las carreras

En nuestro anterior artículo, Gladiatores in Corduba, hablamos del que es, sin lugar a dudas, uno de los hallazgos más excepcionales y, a pesar de ello, más olvidados, de la historia de Hispania romana: una necrópolis dedicada exclusivamente a gladiadores, localizada en la antigua capital de la provincia de Baetica, un caso único en la península ibérica del que existen muy escasos ejemplos en el resto del Imperio romano, destacando Éfeso y Stratonikeia, en la actual Turquía, y quizás también en lo que una vez fue Eboracum, hoy York, en las islas británicas. Sin embargo, cuando nos referimos a los antiguos espectáculos romanos, hay otro caso bastante interesante a tener en cuenta, también en la antigua Hispania, y que, como el ya citado de Corduba, es prácticamente desconocido. En esta ocasión, nos trasladamos a otra capital de provincia, Tarraco, para conocer a Eutyches y Fuscus, dos aurigas recordados en sendas inscripciones funerarias en verso.



La primera de ellas, CIL II 4314, se encuentra grabada sobre un bloque de caliza de color amarillento de 26 x 72 x 55 cm. En la parte superior, entre las líneas 1 y 4 de la inscripción, sería cincelado un auriga vencedor con la palma de la victoria en la mano izquierda y el brazo derecho extendido, según una iconografía conocida en el mundo romano; la figura, cuya cabeza por desgracia se ha perdido, fue tallada en bajorrelieve, estando quizás pintada originalmente, y representa al joven fallecido. Realizada con mucho cuidado y cariño, los datos del fallecido, en las cinco primeras líneas, están escritos en letras mucho más grandes que el resto, en verso. Conocida desde el siglo XVI, pasó a formar parte de la edificación del palacio arzobispal de Tarragona en el momento de su construcción, encastrándose en sus muros junto con otras ocho inscripciones, momento en que quizás fue recortada. No sería extraída de allí hasta 1992 con motivo de la exposición Roma a Catalunya.




D(is) M(anibus)
Euty{aurigae imago}cheti
aurig(ae) {aurigae imago}ann(orum) · XXII
Fl(avius) · Rufi{aurigae imago}nus · et
 Semp(ronia) · Diofanis servo · b(ene) · m(erenti) · f(ecerunt)
Hoc rudis aurigae requiescunt ossa sepulchro
nec tamen ignari flectere lora manu
Iam qui quadriiugos auderem scandere currus
et tamen a biiugis non removerer equis.
Invidere meis annis crudelia fata,
fata quibus nequeas opposuisse manus
Nec mihi concessa est morituro gloria circi,
donaret lacrimas ne pia turba mihi.
Ussere ardentes intus mea viscera morbi
 vincere quos medicae non potuere manus
Sparge, precor, flores supra mea busta, viator;
favisti vivo forsitam ipse mihi.

"Al auriga Eutyches, de 22 años. Flavio Rufino y Sempronia Diofanis a su siervo que bien lo merecía. Descansan en este sepulcro los restos de un auriga principiante bastante diestro, sin embargo, en el manejo de las riendas" 
Texto puesto en boca del auriga"Yo, que montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos, no obtuve permiso, con todo, para conducir más que los de dos. Los hados, los crueles hados, a los que no es posible oponer resistencia, tuvieron celos de mi juventud. Y, al morir, no me fue concedida la gloria del circo, para evitar que me llorara la fiel afición. Abrasaron mis entrañas malignos ardores, que los médicos no lograron vencer. Te ruego caminante, derrames flores sobre mis cenizas: tal vez tu me aplaudiste mientras vivía"

Eutyches, pues, aunque "bastante diestro en el manejo de las riendas", era sólo un principiante y posiblemente corrió muy pocas veces en el gran circo de Tarraco sin alcanzar la fama por sus victorias, ya que señala que no conoció jamás la gloria -puede que incluso no llegara a ganar nunca ninguna carrera- y que, a su muerte, no le llora "la fiel afición"; de hecho, quién le dedica la lápida son sus dos amos, Flavius Rufinus y Sempronia Diofanis, y no sus posibles admiradores, al contrario que a Fuscus, nuestro siguiente protagonista. Es más, su afirmación de que "montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos", nos indica que no hacia mucho tiempo que había comenzado a conducirlas, de ahí que únicamente obtuviera permiso para conducir bigas, no llegando posiblemente a correr en público sobre una cuadriga. Eutyches, fallecido a los 22 años de algún tipo de dolencia estomacal cuando comenzaba a destacar en la arena, únicamente pudo soñar por tanto con la gran fama de Fuscus.





La inscripción de este gran auriga, CIL II 4315, consiste en un altar de piedra caliza local de Santa Tecla de 168 x 71 x (45) cm. La decoración de la parte superior está prácticamente destruida, pero no las molduras superior e inferior que enmarcan el campo epigráfico; en la zona central, presenta de igual forma una fractura de gran tamaño. Como en la inscripción de Eutyches, el epígrafe de Fuscus fue grabado con mucho cuidado, llegando a dejar el lapicida espacios en blanco al final de palabra para indicar la frontera del verso. Conocida desde el s. XVI, los diversos autores indican lugares de hallazgo muy diversos; por desgracia, en el siglo XVIII, el altar fue regalado por el Ayuntamiento de Tarragona al general inglés James Stanhope, quien la transladó a Chevening (Sevenoaks, Condado de Kent, al sur de Londres), donde se haya actualmente. 






D(is) M(anibus)
Factionis Venetae Fusco sacra-
vimus aram de nostro, certi stu-
diosi et bene amantes; ut sci-
 rent cuncti monimentum
et pignus amoris. Integra
fama tibi, laudem cur-
sus meruisti · certasti
multis, nullum pauper timu-
 isti · invidiam passus sem-
per fortis tacuisti; pul-
chre vixisti, fato morta-
lis obisti. Quisquis homo
es · quares talem. Subsiste
viator, perlege, si memor
es. Si nosti, quis fuerit vir,
fortunam metuant omnes,
dices tamen unum. Fus-
cus habet titulos mor-
 tis, habet tumulum · Con-
tegit ossa lapis, bene habet
fortuna, valebis. Fudimus
insonti lacrimas · nunc vi-
na. Precamur, ut iaceas pla-
 cide. Nemo tui similis
τοὺς σοὺς ἀγῶνας αἰὼν λαλήσει

"Hemos consagrado un altar a Fusco, del equipo azul, de nuestros recursos, aficionados como éramos y devotos suyos, con tal de que todos lo reconozcan como un recuerdo suyo y prenda de amor. La fama la mantienes completa, por tus carreras has merecido alabanza, has competido con muchos, incluso sin dinero, no has temido a nadie, a pesar de sufrir envidias, siempre has callado, íntegro, has vivido honradamente, pero como un mortal has muerto cuando te ha encontrado el destino. Cualquiera que seas y leas esto, intenta ser como él. Detente caminante, lee con calma, si recuerdas quién era, si has conocido cómo era este hombre. Teman todos a Fortuna; tú, sin embargo, dirás sólo esto: "Fusco tiene ya las letras de la muerte, tiene una tumba. La piedra cubre los huesos, ¡ya está bien! Fortuna, ya puedes marchar" Hemos vertido lágrimas por este inocente, y ahora verteremos vino. Rogamos que reposes plácidamente. ¡Ninguno comparable a ti! Por siempre jamás se hablará de tus carreras"

La suerte de Fuscus no pudo ser más distinta a la de Eutyches. Estrella del equipo azul, una de las factiones presentes en todo circo romano, de su gran fama habla claramente el hecho de que su inscripción funeraria le fuera dedicada por sus admiradores, quienes solo tienen para su recuerdo palabras de admiración y amor, llegando a definirse a sí mismo como "devotos suyos" y a erigirle como ejemplo a seguir ("cualquiera que seas y leas esto, intenta ser como él"); de hecho, enumeran alguna de sus virtudes más destacadas, como no haber temido a alguien, haber sido indiferente a las envidias, ser íntegro, vivir honrado, saber guardar silencio en el momento adecuado... La influencia de Fuscus, pues, transcendía el ámbito del circo e iba más allá de su habilidad para las carreras, un ejemplo claro de la pasión de los romanos por los espectáculos

viernes, 10 de febrero de 2017

Tras las revueltas de Roma

"Galba se veía llevado de aquí para allá por el vario empuje de la fluctuante turba, mientras por doquier se llenaban las basílicas y los templos, proporcionando un lúgubre espectáculo. Y no es escuchaba voz alguna del pueblo o de la plebe, sino que los rostros estaban atónitos y los oídos atentos a todo; no había alboroto, pero tampoco tranquilidad, cual suele ser el silencio que acompaña a los grandes miedos y a las grandes iras. Sin embargo, a Otón se le anunciaba que se estaba armando a la plebe. Manda que vayan a toda prisa y que se anticipen a los peligros. Y así, unos soldados romanos, como si fueran a arrojar a Vologeses o a Pácoro de su trono ancestral de los Arsácidas, y no marcharan a degollar a un emperador inerme y anciano, tras dispersar a la plebe y pisotear al Senado, irrumpen en el Foro al galope de sus caballos" 
Tácito, Libro I, 40

Así narra la magistral pluma de Tácito, en sus Historias, el asesinato del emperador Galba como consecuencia de la hábil conspiración urdida por Marco Salvio Otón, uno de sus sucesores, en el mes de enero del 69 d.C., más conocido hoy como el Año de los Cuatro Emperadores. El anciano César, desprevenido e indolente, intenta cruzar en su litera el cada vez más atestado foro de Roma; la gente, que quizás haya escuchado rumores de lo que va a suceder a continuación, acude a contemplar el fin de su nuevo emperador con la misma disposición con la que acudiría a contemplar los juegos en el anfiteatro; quizás, incluso, muchos de ellos, descontentos con el nuevo gobierno, estén implicados en el inminente regicidio. De pronto, unos soldados, elegidos por Otón como brazo ejecutor, irrumpen sin ningún miramiento en medio de la creciente turba y la plebe, espantada, huye sin mirar atrás.

Ésta es la forma habitual de describir a los habitantes de la Urbe entre los escritores de la Antigüedad: una muchedumbre siempre ociosa, sin oficio ni beneficio alguno, que, actuando como un único ser egoísta, irracional, manipulable, corruptible y propenso a la violencia, al tiempo que se despreocupa por el bienestar del Estado y el destino de Roma, tan sólo se interesa por su propia integridad, por su diversión y por su insignificante supervivencia. Sin embargo, en una ciudad habitada por más de un millón de habitantes, como es lógico, era imposible que todos pensaran de la misma forma, que todos actuaran de la misma forma y que, por tanto, todos estuvieran a un mismo tiempo implicados en los numerosos disturbios y revueltas que conoció Roma a lo largo de su azarosa Historia. Por desgracia, sus pensamientos individuales, sus puntos de vista contrapuestos, sus diversas vivencias y hasta sus nombres se han diluido en el olvido con el paso inexorable del tiempo, y aquellas personas dispares han quedado reducidas finalmente a lo que nunca fueron, esa muchedumbre anónima, sin rostro, que Tácito tan magistralmente describió en sus obras... O no siempre. Eso es lo maravilloso de la Epigrafía.

Cuando paseamos por el Museo Arqueológico de Nápoles y contemplamos, abstraídos y -¿por qué negarlo?- embobados, las restos siempre impresionantes de las ciudades sepultadas por el Vesubio, es fácil pasar por alto piezas arqueológicas en principio menos llamativas. Es el caso de la inscripción que nos ocupa, CIL VI 29436. Se trata de una tabla de mármol hallada en algún lugar desconocido de la ciudad de Roma que contiene la breve historia de Ummidia Ge y de su esclavo o coliberto Publio Ummidio Primigenio.



Ummidiae Manes tumulus tegit 
iste simulque Primigeni vernae
quos tulit una dies nam Capitolinae
compressi examine turbae
supremum fati competire
diem

Ummidia(e) Ge et P(ublio) Ummidio Primigenio
vix(it) an(nos) XIII P(ublius) Ummidius Anoptes lib(ertus) fecit




"Este túmulo contiene el espíritu de Ummidia, así como el de Primigenio, esclavo nacido en casa, quienes nos fueron arrebatados el mismo día;
cuando ambos fueron aplastados por una turba enfurecida en la colina del Capitolio, ambos llegaron al día marcado por su destino. Para Ummidia Ge y Publio Ummidio Primigenio, quién vivió trece años. Su liberto, Publio Ummidio Anoptes, hizo (esta inscripción)"


Datada entre los años 51 y el 170 d.C. en función del tipo de letra, Ummidia y Primigenio pudieron haber contemplado la muerte de Galba en el año 69 a.C. y morir aplastados por la muchedumbre que huía del foro invadido repentinamente por soldados a caballo; pudieron caer durante los disturbios posteriores a la muerte de Nerón, durante el asalto al Capitolio por las tropas de Vitelio, al fallecer también asesinado Domiciano, o en las protestas contrarias a Cómodo. Pudieron perecer en alguna protesta por el alto precio del trigo, por algún impuesto abusivo, por alguna guerra impopular, por algún político desprestigiado, o por algún otro conflicto que nunca conoceremos... Ambos son parte de los infinitos protagonistas desconocidos de la Historia. Pero, al menos, gracias a esta inscripción tan humilde, podemos distinguirlos con algo de esfuerzo entre la densa multitud desconocida, y puesto que en la Antigüedad decir el nombre de los muertos era traerlos de nuevo a la vida, si alguna vez pasáis por Nápoles...

te rogo praeteriens dicas 
"te ruego, paseante, digas (su nombre)"




martes, 22 de noviembre de 2016

Los peligros del parto en Roma

En la antigua Roma y, en general, en todas las naciones de la Antigüedad, el deber de toda mujer libre era casarse y, sobre todo, tener la mayor cantidad posible de hijos legítimos -mejor si eran varones-, que aseguraran en un futuro muy cercano la defensa, la prosperidad y la supervivencia del Estado. Para lograrlo, las mujeres habrían de afrontar no una, sino varias veces, los múltiples peligros inherentes a todo embarazo y parto, sin más ayuda, en el caso de las más pudientes, que comadronas y parteras, incluso en algunos casos médicos que únicamente se presentarían cuando la situación ya fuera extrema, mientras que las más pobres habrían de contentarse con la ayuda de sus parientes femeninas, que no tenían más experiencia que la de haber sobrevivido a sus propios partos, cuando no debían dar a luz solas.

Con tan exigua e inexperta asistencia, muy escasos conocimientos del cuerpo femenino, reducido saber médico, facilidad para contraer infecciones y el increíble número de complicaciones -nacimiento prematuro, parto prolongado, desgarro vaginal, sufrimiento fetal por falta de oxígeno o de riego sanguíneo, problemas con el cordón umbilical, mala colocación del feto, malformaciones, alteraciones en la placenta...-  que pueden presentarse tanto en la gestación como durante el alumbramiento, no es de extrañar que existieran innumerables divinidades relacionadas con este momento tan delicado en la vida de la mujer: junto a Juno Lucina, la principal divinidad que guiaba el nacimiento, hallamos Picumno y Pilumno, hijos de Júpiter que presidían la tutela de los niños; a Vagitano, que abría la boca del recién nacido para que se produjera el primer llanto; Alemona, que alimentaba al feto durante el embarazo; Rumina, quién lo alimentaba una vez nacido; Antevorta, que asistía los partos cuando el niño venía de cabeza; Postverta, si el pequeño venía de pie: Vitumno, que le daba la vida en el momento de nacer; Cuba, que le llevaba a la cama; Cunina, quién le acunaba y lo protegía contra los malos presagios... No obstante, a pesar de toda la ayuda divina y humana que pudiera prestarse a la parturienta, la muerte como consecuencia del embarazo y el parto nunca dejó de ser la principal causa de fallecimiento entre las mujeres en edad adulta en la antigua Roma, algo de lo que ha quedado constancia en las fuentes epigráficas.

Hoy os traigo el que para mí es el testimonio más conmovedor y estremecedor de esta realidad: CIL III 9632. Hallado en Salona en el año 1884, en la provincia romana de Dalmatia (actual Solin, en la moderna Croacia), y en la actualidad en el Museo Arqueológico de Split, se trata de un sarcófago datado en el siglo IV y fragmentado en siete partes, en bastante mal estado de conservación. Desconocemos tanto el nombre de la fallecida como de aquellos que le dedicaron la inscripción -su marido, sus hijos y su yerno-, si bien la escena presentada a través de tan enternecedores versos es cuanto menos desoladora. La fallecida, madre de varios hijos adultos y casados -puede incluso que ya fuera abuela-, queda nuevamente embarazada a una edad avanzada para la época, cuarenta años, edad en la que incluso en la actualidad la gestación se considera de riesgo. Durante el parto, su último hijo muere dentro de su útero sin llegar nunca a nacer -o puede que ya hubiera muerto los meses precedentes durante la gestación- y, en consecuencia, la madre también muere.

[Heu q]uamquam las[si cunctuamur]
sca[lpere versus]
utpote qui [maesto funere con]-
[ficimur] idcircoque [omni luctus renovatur in]
ictu
audemus tamen haec [edere cum]
gemitu
ex iu[---]
[------]
[---g]e[n]itam
[huic placidam requiem tri]buat deus onmi-
[pote]ns rex
[insontique animae s]it bene post obitum
[multa tulit nimis adversi]s incommoda rebus
[infelix misero e]st fine perempta quoq(ue)
[quadraginta a]nnos postquam trans-
[egit in aevo]
[fu]nesto gravis heu triste puerperio
nequivit miserum partu depromete fetu(m)
hausta qui nondum luce peremptus abiit
adque ita tum geminas g[e]mino cum corpore
praeceps
letum ferali [transtu]lit hora an[imas]
at nos maerentes coniux natique
generque
carmen cum lacrim[is] hoc tib[i condidimus]

"¡Ay de nosotros! A pesar de que, exhaustos, dudamos de inscribir estos versos (pues, como nos ha conmovido este triste funeral, nuestra tristeza se renueva con cada golpe [¿de cincel?], todavía nos atrevemos a hacer público nuestro dolor, junto con nuestro lamento... [faltan varias palabras]... hija".
 "¡Qué Dios, rey todopoderoso, la conceda un descanso tranquilo, y esté bien dispuesto hacia su alma inocente tras su muerte!" 
"Desdichada, tuvo muchos inconvenientes en un mundo excesivamente duro, y murió también de una miserable muerte después de haber sobrevivido cuarenta años de su vida. Cuando estaba embarazada, ¡ay de nosotros! ¡la tristeza!, en un parto calamitoso fue incapaz de dar a luz, al dar a luz a su desdichada descendencia, quién se marchó, muerto, incluso antes de nacer, y así su muerte precipitó en una hora fúnebre dos almas en un solo cuerpo."
"Pero nosotros, su marido, sus hijos y su yerno, le entregamos este poema de luto junto a nuestras lágrimas"

Lo peor es lo que no nos cuenta la inscripción: en tales casos, en que el bebé fallece antes o durante el parto, el procedimiento médico a seguir era extraer el feto del interior del cuerpo de la madre cortándolo en pequeños pedazos que facilitaran su extirpación, para lo cual el cirujano contaba con forceps, espéculos tijeras y un gran número de cuchillas de diverso tamaño y forma. La decisión sobre llevar a cabo o no esta "operación" debía de tomarla el padre, quién debía por tanto elegir entre permitir que desmembraran a su hijo con la ténue esperanza de salvar a su esposa o bien dejar morir a ambos. En caso de elegir la primera opción, y en un momento en que no existían analgésicos, sedantes o calmantes, podemos imaginar el sufrimiento tanto psicológico como sobre todo físico que se causaba a la madre y la facilidad con la que se producían infecciones y hemorragias. Así pues, no es de extrañar que la familia de la fallecida en su inscripción funeraria calificara el parto como "calamitoso", su muerte como "miserable" y la desearan un "descanso tranquilo"

Por desgracia, la muerte de nuestra desconocida no fue el único caso de una mujer muerta durante el parto, si no que por toda la epigrafía del Imperio hallamos numerosos ejemplos. Como ya hice en la anterior entrada, En memoria del amigo más fiel, dedicada a los perros, aquí os dejo otros epitafios:

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También de Salona, en la provincia romana de Dalmatia (actual Solin, en la moderna Croacia), procede CIL III 2267, datada en el s. III


D(is) M(anibus)
Candidae coniugi bene me-
renti ann(orum) p(lus) m(inus) XXX qu(a)e me-
cum vixit ann(os) p(lus) m(inus) VII
qu(a)e est cruciata ut pari-
ret diebus IIII et non pe-
perit et est ita vita fu-
ncta Iustus conservus p(osuit)


"A los dioses Manes de Cándida, mi esposa benemérita, de más o menos treinta años, que vivió conmigo más o menos 7 años. Fue torturada por cuatro días de parto y no llegó a dar a luz. Así murió. Iustus, su compañero esclavó, colocó (esta lápida)"

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Nos trasladamos ahora a Sarnum, en la región de Latium et Campania, en la actual Italia, para leer CIL X 1112. Fue dedicada a Orestila, por su marido Evodio, quién menciona que lo hace en contra de lo prometido a los dioses en caso de no responder a sus oraciones (contra votum)

Felix Orestila qu(a)e
feliciter Crispino Evodio
nupsit puerperio vix
educta infeliciter obiit 
maritus pientiss(imus) ucsori s(uo)
b(ene) m(erenti) fecit
contra votum

"Afortunada Orestila que, en virtud de la buena suerte, estuvo casada con Crispino Evodio, murió por desgracia apenas salió del parto. Su marido piadosísimo dedica (esta lápida) a su esposa que bien lo merecía, a pesar de que sus oraciones no fueron contestadas"

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Otra inscripción de la región de Latium et Campania, pero esta vez procedente de Tusculum, es CIL X 2737

Rhanidi Sulpiciae l(ibertae)
delicio
nata brevi spatio, partu subiecta nec ante
testatur busto tristia fata Rhans
namque bis octonos nondum compleverat annos
et rapta est vitae, rapta puerperio
parentis tumulus duo funera corpore in uno
exequias geminas nunc cinis unus habet


"Para Rhanis, liberta de Sulpicia, nuestra delicio. Nacida hace poco tiempo, no acostumbrada a dar a luz antes, Rhanis da testimonio de un triste destino en su pira. Cuando aún no había completado dieciséis años, le fue arrebatada la vida en el parto. Esta tumba contiene dos almas en un solo cuerpo, esta pila alberga los restos y cenizas de dos personas"

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De nuevo viajamos, ahora a Ankara, en la provincia de Galatia (la actual Ancyra, en la moderna Turquía) para presentar nuestros respetos a CIL X 272, quién, al contrario que Rhanis, ni siquiera llegó a cumplir los dieciséis años.

D(is) M(anibus) (sa)c(rum)
Aeturniae Zotic(a)e
Annius Flavianus
dec(urialis) lictor Fufid(i)
Pollionis leg(ati) Gal(atiae)
coniugi b(ene) m(erenti) vixit
ann(is) XV mens(ibus) V
dieb(us) XVIII quae
   partu primo post 
diem XVI relicto
filio decessit


"A los dioses Manes de Aeturnia Zotica. Annio Flaviano, lictor de la decuria de Fufidio Pollio, legado de Galatia, a su esposa que bien lo merecía, quién vivió quince años, cinco meses y dieciocho días, y que murió dieciséis días después de su primer parto, dejando a su hijo atrás"

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De Mauritania Caesarensis, en concreto de Satafis (actual Ain el Kébira), procede CIL VIII 20288

D(is) M(anibus) s(acrum)
Rusticeia
Matrona
v(ixit) a(nnos) XXV
causa meae mortis partus fatu[mque malignum]
set tu desine flere mihi kariss[ime coniux]
[et] fil(ii) nostri serva com[munis amorem]
[--- ad caeli] transivit spi[ritus astra]
[---] maritae [---]

"Consagrado a los dioses Manes de Rusticeia, matrona, quién vivió 25 años. La causa de mi muerte fueron un parto y el destino rencoroso. Pero deja de llorar por mí, mi amadísimo marido, y presta atención al amor de nuestro mutuo hijo. Mi alma se ha ido a las estrellas en el cielo [faltan varias palabras, habiéndose conservado sólo "esposa"] "

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De Roma procede un nuevo poema funerario, CIL VI 28753, bastante curioso. En primer lugar, el nombre de la fallecida, Veturia Grata, no se halla en ninguna parte del texto, sino que puede formarse a partir de las primeras letras de cada línea, lo que no deja de ser un recurso muy ingenioso que nos hace pensar que el autor estaba más preocupado por la belleza del texto que por el dolor de la pérdida. Asi mismo, las dos primeras líneas pueden resultar en principio confusas ("Quizás sentarse ahora y descansar; ya que está a punto de hacer su viaje..."), hasta que se recuerda que las necrópolis romanas se ubican a lo largo de las principales vías de acceso a las ciudades; así pues, el autor se está dirigiendo a los posibles viadantes que se pararan ante el sepulcro, rogándoles lean la inscripción. Al contrario que los anteriores epitafios, Grata no murió durante el parto, sino en su octavo mes de embarazo, por causas que no se especifican



Vel nunc morando resta qui perges iter
Etiam dolentis casus adversos lege
Trebius Basileus coniux quae scripsi dolens
Vt scire possis infra scripta pectoris
Rerum bonarum (!) fuit haec ornata suis
Innocua simplex quae numquam serbabit dolum
Annos quae vixit XXI et mensibus VII
Genuitque ex me tres natos quos reliquit parbulos
Repleta quartum utero mense octavo obit
Attonitus capita nunc versorum inspice
Titulum merentis oro perlegas libens
Agnosces nomen coniugis Gratae meae

"Quizás sentarse ahora y descansar; ya que está a punto de hacer su viaje, lea de los giros adversos del destino de alguien que está en el dolor. Yo, Trebius Basileus, he escrito esto en el dolor, para que pueden aprender de los escrito abajo directamente desde mi corazón. Ella fue decorada con los dones de la bondad, la simplicidad y la inocencia, nunca planeó ningún engaño. Vivió 21 años y siete meses y dio a luz a tres hijos míos, que ahora deja atrás. Murió, con su útero de nuevo lleno por cuarta vez, en el octavo mes (de embarazo). Atónito contempla ahora el inicio de estas líneas, lee de buena gana, te lo pido, la inscripción de quién se lo merece; así aprenderás el nombre de mi amada esposa"

lunes, 14 de noviembre de 2016

En memoria del amigo más fiel

En un oscuro rincón de la pequeña iglesia de Santa Marina, en Amalfi (Salerno, Italia), se conserva una inscripción fragmentaria, tan sólo la esquina superior derecha (38 x 28 x 5 cm) de lo que debió ser, en el s. II d.C., una hermosa lápida de mármol blanco. Hoy hablamos de CIL X 659, dedicada a Patrice, muerto con 15 años. Podríamos creer que, como la pequeña niña Junia Prócula  -ver artículo anterior La maldición tras el epitafio-, Patrice murió muy joven, demasiado joven, pero, en realidad, era ya bastante viejo y había sin duda tenido una vida feliz y plena... porque Patrice no era un ser humano. Era simplemente un perro, "un buen perro", como lo califica su amo en la inscripción funeraria que le dedicara. Como nos recuerdan, entre otros, los coloridos mosaicos localizados en el umbral de entrada de las mansiones de Pompeya, con el conocido Cave Canem- "cuidado con el perro"-, la presencia de estos animales domésticos era relativamente frecuente en los hogares romanos. Pero no eran solamente guardianes y protectores, sino un miembro más de la familia, uno muy amado, y, a su muerte, eran llorados como a un fiel amigo. Sin duda, todos los que alguna vez hemos tenido un perro, podremos recordarlo en estas palabras y comprender sin problemas todo el dolor oculto detrás de cada uno de las líneas

Portavi lacrimis madidus te nostra catella
quod feci lustris laetior ante tribus
ego mihi, Patrice, iam non dabis osculla mille
nec poteris collo grata cubare meo
tristis marmorea posuit te sede merentem
et iunxi semper manib(us) ipse meis
morib(us) argutis hominem simulare paratam
perdidimus quales, hei mihi, delicias
tu dulcis, Patrice, nostras attingere mensas
consueras, gremio poscere blanda cibos
lambere tu calicem lingua rapiente solebas
quem tibi saepe meae sustinuere manus
accipere et lassum cauda gaudente frequenter

"Te he portado en mis brazos con lágrimas, nuestro pequeño perro, como en circunstancias más felices te llevé desde hace quince años. Pero ahora, Patrice, ya no me darás mil besos, ni serás capaz de echarte afectuosamente alrededor de mi cuello. Tu eras un buen perro, y con enorme pena he puesto para ti esta tumba de mármol, y te uniré para siempre a mí mismo cuando muera. Te acostumbraste fácilmente a un humano con tus hábitos inteligentes. ¡Ay, que animal doméstico hemos perdido! Tu, dulce Patrice, tenías la costumbre de unirte a la mesa y pedirnos dulcemente comida en nuestro regazo, estabas acostumbrado a lamer con tu lengua la copa que mis manos sostenían para ti y acoger con regularidad a tu cansado amo con meneos de tu cola... "

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No se trata de un caso aislado. Por todo el territorio del antiguo Imperio romano, hallamos numerosos ejemplos de la añoranza de los romanos por sus amigos de casi toda una vida. Aquí os dejo algunos casos representativos.

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El primer ejemplo sería AE 1994, 348. Hallado en la década de 1980 en Gallicano nel Lazio (Roma), una pequeña colina cerca de la iglesia de S.Rocco, mide 43 x 38,50 x 30 cm., fue elaborado en mármol y data del s. II d.C. aproximadamente.

Aeolidis tumulum festivae
cerne catellae
quam dolui inmodice
raptam mihi praepete
fato

"He aquí la tumba de Aeolis, el pequeño perro alegre, cuya pérdida por un destino fugaz me dolió más allá de toda medida"

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AE 1994, 699 fue hallado también en Italia, en concreto en Oderzo (Treviso, en la región del Véneto), en cuyo Museo Civico Archeologico se conserva en la actualidad. Datado en el siglo III d.C., no conocemos más características físicas del epitafio y por desgracia no hemos podido encontrar tampoco ninguna foto, así que os incluimos aquí la imagen de otra inscripción dedicada igualmente al amigo más fiel del hombre, en este caso Aminnaracus, quién un día recorrió las calles de la propia ciudad de Roma (CIL VI 29895)

Hac in sede iacet post reddita fata catellus (!)
corpus et eiusdem dulcia mella tengunt
nomine Fuscus erat, ter senos apstulit annos
membraque vix poterat iam sua ferre senex
[---] verit [---]

"En este lugar yace un pequeño perro después de una vida plena, y dulce miel cubre su cuerpo (¿para preservarlo?). Su nombre era Fuscus y tenía dieciocho años. Ya apenas podía mover sus miembros en la vejez..."

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De nuevo de Italia, ahora de Recina, en la región de Piceno, encontramos CIL IX 6785, conservada en la Biblioteca Comunale de Macerata. Datada en el s. II d.C. se encuentra en la actualidad en bastante mal estado, sin duda por alguna reutilización posterior 

Raeda[r]um custos
numquam latravit
inepte nunc
silet et cineres
vindicat um-
bra suos

"Este portero no ladró nunca inadecuadamente. Ahora él está en silencio y su sombra protege sus cenizas"

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De Auch, en Aquitania, procede CIL XIII 488, dedicada a un perro llamado Myia ("Mosquito")

Quam dulcis fuit ista quam benigna
quae cum viveret in sinu iacebat
somni conscia semper et cubilis
o factum male Myia quod peristi
latrares modo si quis adcubaret
rivalis dominae licentiosa
o factum male Myia quod peristi
altum iam tenet insciam sepulcrum
nec sevire potes nec insilire
nec blandis mihi morsib(us) renides

"¡Que dulce y amable eras! Mientras estaba viva solía acostarse en mi regazo, siempre compartiendo sueño y cama. ¡Qué pena, Myia, que hayas muerto! Sólo ladraba si algún enemigo se tomaba la libertad de mentir a su amo. ¡Qué pena, Myia, que hayas muerto! Las profundidades de la tumba ahora te protegen, aunque no sabes nada al respecto. No puedes correr salvaje ni saltar sobre mí, y no desnudas los dientes con mordisquitos que no duelen"

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En recuerdo de mi pequeña y cariñosa Hima,
que este mes de noviembre debería haber cumplido 14 años. 
Aún sigo esperando que asome tu hocico cuando abro la puerta