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sábado, 23 de septiembre de 2017

De nuevo en Radio Iznájar: Epigrafía Funeraria en Tarraco

Tras nuestras tres primeras colaboraciones, una de ellas en su programa inaugural, en las que pudimos hablar de nuestras queridas sacerdotisas vestales -podéis escuchar esta primera entrevista en el siguiente enlace: Istopia Historia Nº1 (11-10-16)-, de la situación de la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús -no dudéis en clickear aquí para saber más: Istopia Historia Nº23 (11-04-2017)-, y de sexo y familia en la Antigua Roma -sólo tenéis que pinchar en: Istopia Historia Nº32 (13-06-2017)- volvemos a ponernos en las manos de Juan Ramón Ortega Aguilera, del blog Istopia Historia, para formar parte de su más ambicioso proyecto: un programa semanal de radio sobre Historia emitido por la emisora local Radio Iznájar, el cual se emite martes a las 20:00 y miércoles a las 13:00, y que va ya por su segunda temporada.

En esta ocasión hablamos largo y tendido sobre epigrafía funeraria latina, en especial en la antigua Tarraco: la importancia de los dioses manes y de la correcta realización de los ritos funerarios, tipos de necrópolis y la razón de su ubicación en las principales vías de acceso a las ciudades, elementos que componían una inscripción funeraria, la utilidad de la epigrafía funeraria para conocer la mentalidad de las clases bajas de la sociedad romana y su aplicación al estudio de la Historia de Género, curiosidades e inscripciones singulares -de nuevo hablamos de nuestra querida Luceia Optata-, con discusiones de pareja desde el más allá, "club de fans" que dedican lápidas a sus héroes de la arena, lecciones de vida valiosas puestas en boca de los fallecidos... y mucho, ¡mucho!, más: también podéis escuchar el apasionante relato de Mario Plana, nuevo colaborador del programa, sobre la conquista de Cartago Nova por Escipión; conocer los hallazgos encontrados en la Villa del Salar; y disfrutar de la entrevista a Javier Ramos sobre su nuevo libro "Eso NO estaba en mi libro de Historia de Roma". ¿De verdad os lo vais a perder?

El programa se emitió los pasados días 20 y 21 de septiembre; sin embargo, por fortuna para aquellos que no pudieron escucharlo, se subió a continuación a YouTube para que podáis disfrutarlo cómo y cuándo queráis. Por lo demás, disculpad cualquier error producto de los nervios y ya tan solo desearos que lo disfrutéis tanto escuchándolo como yo grabándolo.

¡¡Sin más dilación, aquí lo tenéis!!:


jueves, 24 de agosto de 2017

La muñeca de Crepereia Tryphaena

Hallado durante los trabajos de excavación iniciados en el año 1889 en los cimientos del Palacio de Justicia de Roma y previos a la construcción del Puente Umberto sobre el río Tíber, el sarcófago aún sellado de Crepereia Tryphaena fue descubierto junto al de un muy posible familiar suyo, Crepereius Euhodus, y presentaba un grabado algo tosco en bajorrelieve que aludía a la muerte de su ocupante: tendida en su lecho funerario, con la cabeza exangüe apoyada sobre el hombro izquierdo, la fallecida se hallaba franqueada por quienes sin duda eran sus padres, una matrona velada al pie de su lecho de muerte, y un hombre a la cabecera, ambos manifestando un profundo dolor. El sarcófago no presenta mayor decoración, y en cuanto a la inscripción funeraria (CIL VI 35601) sólo menciona su nombre; todo cuanto sabemos o creemos saber sobre Crepereia Tryphaena, y aquello por lo que es conocida en la actualidad, se lo debemos a su rico ajuar funerario que la acompañó a la otra vida. 

La apertura del sarcófago, que se produjo el 12 de mayo del año 1889, sería realizada en presencia del arqueólogo Rodolfo Lanciani fuera de los depósitos arqueológicos -algo excepcional- debido a su enorme peso -ya que estaba inundado por el agua que se había ido filtrando a lo largo de los siglos-, así como por la enorme interés que el descubrimiento había generado, contando, por tanto, la apertura del sarcófago con gran cantidad de espectadores. Según la descripción de Lanciani, cuando retiraron la tapa del sarcófago, quedaron horrorizados al contemplar el esqueleto de Crepereia, pues su cráneo aparecía cubierto por un largo cabello castaño, que flotaba en el agua. En realidad se trataba de una planta acuática de largos hilos de color oscuro que se había instalado en la parte convexa del cráneo. Añade además que el cráneo estaba ligeramente inclinado hacia el hombro izquierdo donde había una delicada muñeca acostada sobre su omóplato.

La muñeca, de 23 cm de altura y en la actualidad en los Museos Capitolinos, es sin duda el objeto más famoso del ajuar funerario de Crepereia Tryphaena, fue realizada en marfil, si bien originalmente se consideró fabricada en ébano o bien en roble, dada la coloración que presentaba el objeto producto de su contacto prolongado con el agua. El rostro, muy finamente tallado, casi como si fuera un retrato de la fallecida, se encontraba coronado por un complejo peinado, popularizado por Faustina Maior, esposa de Antonino Pío, y Faustina Minor, esposa de Marco Aurelio. Esta referencia nos permite fechar en entierro de Tryphaena a finales del siglo II d.C., pero no más tarde del año 175, fecha de la muerte de Faustina Minor. Frente al cuidado del cabello, la sencillez en la elaboración del tronco y de las extremidades, pero con especial atención a los detalles de manos y pies, parece indicar que la muñeca llevaba algún vestido. Si el torso y la cabeza habían sido elaborados de una sola pieza, los brazos y las piernas estaban articulados, conectados al tronco por pequeños pernos, lo que sin duda es prueba de la consumada habilidad técnica del artesano. La muñeca, además, tenía sus propias joyas, en concreto un anillo en su dedo pulgar con llave, similar al usado por las mujeres para sus cofres de joyas. De hecho, junto a Crepereia Tryphaena, se encontró uno de dichos cofres, con incrustaciones de hueso, marfil y madera de varios tipos y colores y totalmente deshecha por la acción del agua, en cuyo interior se hallaron dos peines finos, un pequeño espejo de acero pulido, una caja de plata para cosméticos, una horquilla de ámbar para el pelo, una pieza rectangular de cuero suave, y algunos fragmentos de una esponja.

Presentes por todo el esqueleto se encontraron además las joyas de Crepereia; a cada lado de la cabeza había unos pendientes de oro con perlas, un collar de oro con treinta y siete colgantes de jaspe verde, un broche de forma oval con una amatista tallada con la representación de la lucha de un grifo alado que persigue un ciervo y en su mano izquierda cuatro anillos de oro. Sin embargo, lo más impresionante se vio cuando el sarcófago quedó totalmente seco. A los lados y en el fondo se encontraron trozos de tela de lino blanca y fina, y una corona dorada de mirto sujeto con un broche de plata sobre la frente. Ambos hallazgos parecen no tener gran relevancia, hasta que se analiza un tercer objeto hallado en el sarcófago: un anillo de oro de diámetro bastante reducido que tenía una placa del mismo material y cornalina, con una piedra central con el nombre de Filetus. Parece tratarse del llamado anulus pronubus, la prueba del compromiso matrimonial entre Tryphaena y Filetus, que habría sido entregado siendo ambos niños, dado el reducido tamaño de dicho anillo. Junto al mismo, de hecho, se halló otro adornado con una piedra de jaspe rojo, de forma ovalada y plana, en la que se grabaron dos manos derechas apretando un montón de espigas, una referencia clara a la confarreatio, la oferta de panis farreus que la pareja hacía a Júpiter en el día de su boda. En este contexto, la corona de mirto que portaba la fallecida habría sido su nuptialis corona.

Todos estos hechos llevaron a Lanciani a proponer que la joven Crepereia Tryphaena había fallecido en la víspera de su boda, siendo enterrada con su traje de novia: una túnica blanca con un cinturón de noble nudo, con el cabello cubierto por flammeum, un velo azafranado que le habría cubierto el rostro y el pelo, dividido en sex crines por la punta de una lanza, materiales todos que se habrían descompuesto a lo largo de los siglos, lo que explicaría los diferentes restos de texturas y calidades mezcladas con los de la ropa blanca. Sin embargo, ¿por qué una mujer a punto de casarse habría sido enterrada con su muñeca? Más aún si tenemos en cuenta que Crepereia Tryphaena falleció con una edad aproximada de 18-20 años -aunque los estudios preliminares le otorgaron una edad errónea de alrededor de catorce años-. La muñeca y las supuestas circunstancias de su muerte nos remiten a la tradición romana de la ofrenda de sus muñecas por parte de la futura esposa en la víspera de su boda a divinidades femeninas como Venus o Diana, una señal del fin definitivo de su infancia y el paso a su nueva vida de mujer adulta y casa. En el caso de Crepereia Tryphaena, al haber fallecido antes de contraer matrimonio, antes de llevar a cabo ese rito de paso que señalaba su salto de la infancia a la adultez, permanecía, a pesar de sus casi veinte años, en estado de niñez.


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IMÁGENES.
Fotografía 1: Muñeca encontrada en el interior del sarcófago de Crepereia Tryphaena
Fotografía 2: Sarcófagos de Crepereius Euhodus y Crepereia Tryphaena, donde puede observarse el relieve presente en este último
Fotografía 3: Anillo con el nombre Filetus hallado en el sarcófago de Crepereia Tryphaena
Fotografía 4: Corona de hojas de mirto dorado con broche de plata hallado en el cráneo de Crepereia Tryphaena

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PARA SABER MÁS: 

jueves, 8 de junio de 2017

Una familia compleja

Gracias a la tesis que estoy redactando dedicada a la epigrafía funeraria de Tarraco he podido estudiar multitud de inscripciones cuanto mínimo curiosas y muy interesantes producidas por los habitantes de una ciudad tan cosmopolita como era la capital de provincia de Hispania Citerior. Algunas ya se han visto anteriormente en el blog: La pasión por las carreras se centra en dos inscripciones funerarias en verso dedicados a sendos aurigas, y en El extraño epitafio de Luceia Optata un marido recrimina a su esposa muerta su mala actitud con él mientras vivía. Hoy os traigo un epígrafe igual de especial: CIL II 4352 (RIT 458)

Se trata de un pedestal de caliza gris local Llisós, de medidas desconocidas, con parte anterior pulida y posterior tan solo excavada. Presentaba varias roturas, principalmente en su parte superior, inferior y derecha, sin duda como consecuencia de una reutilización posterior al siglo XVI, momento en que un autor constató que estaba intacta. Tenía varias imperfecciones en superficie y algunas letras no habían sido inscritas, si no grabadas superficialmente con punzón. Se localizó detrás del altar mayor de la Catedral, en el lado izquierdo del pavimento; fue estudiada por última vez en 1969, momento en el que se pierde su pista.

Clodiae · Q(uinti) · fil(iae)
Rufinae
[I]ulia  Helice
avia · et
Rufina · matertera
pientissimae

"(Dedicado) a Clodia Rufina, hija de Quinto. Su abuela Iulia Helice y su tía Rufina a (una mujer) piadosísima"

La inscripción en principio no parece tener nada especial, pero no es así: las inscripciones dedicadas a una mujer en el mundo romano solían proceder de sus padres, sus hijos o su marido, pero en este caso el pedestal le es dedicado a Clodia Rufina por su tía y su abuela, lo que podría indicarnos que era huérfana y además bastante joven, puesto que no estaba casada ni tenía descendencia. Pero eso no es lo más curioso de la inscripción

Si nos fijamos en los nombres de nuestras tres protagonistas, vemos en primer lugar que Clodia Rufina, con un nomen (Clodia), un cognomen (Rufina) y filiación (Quinti filia) era claramente una ciudadana romana. Su abuela, en cambio, sin filiación, y con un cognomen de origen griego (Ἑλίκη), era posiblemente una liberta. ¿Y su tía? Con un único nombre y sin filiación, era seguramente una esclava. Así pues, en tres generaciones de una misma familia, tenemos tres mujeres con tres estatutos jurídicos distintos. ¿Cómo pudo suceder? La abuela, liberta, consiguió su libertad y la de una de sus hijas, la madre de Clodia, puesto que ésta pudo casarse en algún momento de su vida -los esclavos carecían de ese derecho-, posiblemente con un ciudadano romano, de quién Clodia heredó su estatuto jurídico... Sin embargo, no pudo conseguir la libertad de su otra hija, Rufina, quién permaneció en la esclavitud. Así pues, algunas familias romanas eran bastante complejas.


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Imágenes: "Exedra" y "Una familia romana", de Lawrence Alma-Tadema

jueves, 27 de abril de 2017

¿Una sacerdotisa vestal en Hispania?

Tras hablar de la excepcional necrópolis de gladiadores localizada en la antigua provincia de Baetica -para saber más no dudéis en leer Gladiatores in Corduba-, tras asistir anonadados a La pasión por las carreras experimentada por los romanos y reflejada en dos hermosos epitafios en verso hallados en Tarraco, y tras descubrir sorprendidos El extraño epitafio de Luceia Optata, en que su marido aprovechaba la lápida de su esposa fallecida para arremeter contra ella, hoy os traigo otra de esas inscripciones cuanto menos peculiares de la epigrafía española. Se trata de CIL II 267* y procedía al parecer de Medinaceli, en la provincia de Soria. En la actualidad no se conserva nada de ella, pero la conocemos gracias al historiador zamorano Florián de Ocampo, quién realizó una copia de la misma en la primera mitad del siglo XVI.
Dis Manibus. 
Caiae Proculae Caii Proculi filiae sacrorum ignium deae Vestae custodi fidissimae collegii Vestalium sorori.
Vixit annos XXII menses VII dies IIII cui nulla dies sine manifestatione ardentis pietatis currebat

"A los dioses Manes de Caya Prócula, hija de Cayo Próculo, custodia de los fuegos sagrados de la diosa Vesta, hermana fidelísima del colegio de las vestales. Vivió veintidós años, siete meses y cuatro días; no pasaba un día sin mostrar una encendida piedad"

La extraña estructura nominal de la fallecida, con un praenomen (del que carecían las mujeres romanas) y un cognomen, pero ningún nomen, ya debería ponernos en sobre aviso de lo inusual de la inscripción. También resulta cuanto menos extraño la presencia de una Virgo Vestalis tan lejos de Italia cuando, en general, nunca abandonaban Roma mientras duraba su servicio a la diosa. Sin embargo, sin duda lo más sorprendente del epígrafe es el énfasis que se pone en el fervor religioso de la difunta. El tono y las expresiones utilizadas (con formas postclásicas como manifestatio o currere dies, o la estructura nulla dies sine manifestatione, que recuerda a una famosa sentencia medieval) refuerzan la sensación de encontrarnos ante una religiosidad más propia del medievo cristiano que del imperio romano... y es que así es.

CIL II 267* es una inscripción falsa (el asterisco así nos lo indica ya de entrada) y lo cierto es que inscripciones de este tipo son más frecuentes de lo que en principio pueda parecer. Durante el Renacimiento, y en menor medida, el Barroco, muchos lugares recurrieron a la elaboración de epigrafía falsa para, mediante su atribución al Imperio romano, dotarse de un pasado más glorioso -para saber más os recomiendo leer la introducción de "Epigrafía hispánica falsa del primer Renacimiento español", de Gerard González Germain y Joan Carbonell Manials, que encontraréis online aquí-. En este caso, Medinaceli, fundada sobre los restos de la ciudad de Occilis, aunque en el siglo XVI podía mostrar algunos restos de muralla romana así como el impresionante Arco del Triunfo de tres vanos, único en la península, no había comenzado a destacar hasta la Edad Media, cuando se convirtió en un enclave destacado para el avance de la Reconquista. Mediante CIL II 267*, Medinaceli pretendía reivindicarse así misma y dotarse de la misma importancia histórica, política y cultural que otras ciudades españolas como Tarragona, Cartagena o Córdoba.

No es el único caso en que el culto a Vesta fue utilizado en el Renacimiento en una falsificación epigráfica, ya que el gran prestigio del que gozaron sus sacerdotisas en la antigua Roma hacia su mención idónea para el propósito que perseguían estas imitaciones. También nos hemos encontrado con el caso de CIL II 269*

Publio Sextio Publii Sextii filio sacrorum ignium deae Vestae optime merito inmunitate ad quinquennium opera eius ab imperatore Nerva Traiano Caesare Augusto toti patriae concessa Arcobricenses iuvenes et veteres statuam in foro posuere

"A Publio Sextio, hijo de Publio Sextio, perfecto merecedor de los fuegos sagrados de Vesta, los jóvenes y los ancianos de Arcobriga le han erigido una estatua en el foro, por haber conseguido del emperador Nerva Trajano César Augusto la exención de impuestos a toda la patria durante cinco años"

La inscripción, ubicada en Arcos del Jalón, pretende relacionar esta localidad con la antigua Arcobriga, ciudad de la Celtiberia a la que aluden Plinio el Viejo (Nat. 3, 24) y Ptolomeo (Geog. 2, 6, 57), y en verdad ubicada en Monreal de Ariza (Zaragoza). De nuevo, vemos el intento de otorgar a una determinada localidad un pasado más glorioso, en este caso identificándose directamente con una ciudad romana mencionada en las fuentes escritas antiguas. Sin embargo, comete varios errores que rápidamente nos indican que es falsa: no sólo la estructura nominal inusual de la persona honrada, si no también la cláusula en que se mencionan los Fuegos de Vesta relacionados con un varón y la referencia jurídica a la exención fiscal por parte del emperador. Sin embargo, no siempre es fácil diferenciar auténticas de falsas, tal como podéis ver aquí, asi pues, hay que tener ciudado.

viernes, 24 de marzo de 2017

Magia y tablas de maldición en Roma

Resulta complejo explicar qué se entendía, en el mundo antiguo en general y en el romano en particular, por el concepto de magia; usualmente, suele ser definido como la totalidad de conocimientos y prácticas destinadas a controlar, o al menos a conocer, los efectos de la Naturaleza con el fin último de influir sobre ellos en beneficio propio. La magia, pues, se definía por su carácter manipulativo hacia las potencias superiores. En términos muy simples, en el mundo romano se podían diferenciar dos tipos de magia, una benigna y otra maligna. Las fuentes clásicas hacen referencia a estos dos tipos de magia cuando Heliodoro en sus Etiópicas (Hel. Et. 3, 16, 3-4) defiende: "Hay que distinguir dos tipos diferentes [de magia]: una es vulgar y, por decirlo así, camina sobre la tierra; es servidora de ídolos y da vueltas entre cuerpos de cadáveres (...) La otra, en cambio (...), la que verdaderamente hay que llamar sabiduría (...), mira a lo celestial, convive con los dioses y participa en su poder connatura"

Estas dos actividades mágicas son definidas con dos términos griegos que definen estos diferentes "niveles" dentro de dichas prácticas: la magia, teurgia, y la hechicería, goetía, a las que se relacionan los términos de hechiceras (sagae) y magos (magi) respectivamente.La primera de ellas aparece en la literatura romana, casi en exclusividad en manos de mujeres, aunque este hecho no influya en que, en la realidad, la goetía no haya sido empleada también por hombres. Por el contrario, los hombres están relacionado con un tipo de magia más especializada que requería un mayor grado de conocimiento, que estaba unida a las religiones mistéricas y a los sistemas filosóficos clásicos y era considerada una verdadera techné.

En multitud de ocasiones, sin embargo, las prácticas mágicas están íntimamente vinculadas, siendo imposible en ciertos casos diferenciar entre actividades vinculadas con la goetía o con la teurgia, aunque en general, la principal diferencia es que ésta última está considerada a nivel público como una actividad que logra beneficios para el cómputo de la sociedad y, por tanto, no estaba penalizada ni a nivel social ni a nivel jurídico como lo estaba la goetía. Así pues, esta categoría de magia negra, la goetía, era la que definía en el mundo romano la naturaleza de las prácticas mágicas realizadas por mujeres, cuyo conocimiento nos es transmitido sólo a través de la literatura latina en contraposición a la figura del magus. Las actividades mágicas eran tratadas de una forma u otra en función no del rito realizado sino del sexo de quien oficiaba la práctica.

Las tablillas de maldición, conocidas como tabellae defixionum o defixiones, son una de las fuentes fundamentales para el estudio de la magia en el mundo antiguo. Su principal función era someter a la víctima de la voluntad del defingens, el que realizaba o encargaba a un profesional del mundo mágico la realización del rito de la defixio. El término defixio proviene del verbo latino defigere, cuyo significado lateral es "clavar" aunque, según la tradición, tendría un significado más siniestro, relacionado con "entregar a alguien a los poderes del infierno". A través de estas tablillas, el defingens entregaba a los dioses, generalmente a los dei inferi, mediante un acto mágico a sus enemigos con un objetivo claro de venganza, mostrando la naturaleza perjudicial y nociva que caracterizaba a todos estos objetos mágicos.

Cronológicamente, las tabellae defixionum abarcan una extensión relativamente amplio. Las primeras muestras arqueológicas son fechadas alrededor del siglo V a.C., con una pervivencia que dura hasta el siglo V d.C. Las tabellae defixionum están formadas en un primer momento solamente por la enumeración de los nombres de las personas que se entregaban en maleficio a los dei inferi, evolucionando su composición hasta tabellae en donde llegaron a inscribir un gran cúmulo de palabras, frases, símbolos e imágenes.

En el mundo clásico se creía ciegamente en la posibilidad de maldecir a alguien a través de la palabra estuviera presente o no la víctima de dicho maleficio y, por tanto, se generaron durante siglos toda una serie de ritos cuyo fin principal era el de crear un vínculo con las divinidades infernales con el fin de lograr los objetivos previstos. Unos deseos que frente a la dificultad de conseguirlos a través de las leyes naturales, de las vías "legales", eran buscados con prácticas que pretendían alterar la realidad existente, Junto a la maldición a través de la palabra se consideraba uno de los ritos mágicos más efectivos el escribir los maleficios sobre láminas de materiales diversos, donde el plomo era el soporte más común, para posteriormente ser enrollados, una vez que se pronunciaban una serie de fórmulas y de palabras mágicas que invocaban a las divinidades deseadas; a continuación se procedía a atravesar las tabellae generalmente con clavos de hierro, materializándose de este modo el sentido mismo de execración.

Como muestra la documentación formada por los Papiros Mágicos Griegos, fuente principal para conocer las normas que regían estos ritos, para que los mismos tuviesen la efectividad deseada era esencial, una vez producida la lámina, depositarlas en un lugar adecuado. Estos espacios eran zonas que, según la tradición, estaban vinculadas con el paso al Más Allá, como las fuentes, los cursos fluviales o ciertos lugares próximos a la víctima de la defixio como su hogar. Además, los santuarios de las divinidades ctónicas eran zonas frecuentes en las que se depositaban las tablillas con el fin de que estas divinidades que estaban, según la tradición, en contracto con el submundo, junto con los dei inferi, favoreciesen el cumplimiento de la plegaria realizada en la defixio.

Arqueológicamente, el mayor número de tablillas han sido halladas en necrópolis, tanto dentro del sepulcro como en espacios próximos. En la antigua Roma, la praxis mágica en relación a las tabellae defixionum estaba sumamente vinculada a la necesidad de recurrir a fallecidos de forma prematura o en condiciones violentas que no han sido enterrados según los procedimientos de la religión oficial y, por tanto, vagaban sedientos de sangre al no haber logrado el descanso definitivo -ver nuestro anterior artículo La maldición tras el epitafio-. Se suelen diferenciar tres grupos de difuntos en relación con sus características; aquellos fallecidos que sufrieron una mors immatura, generalmente niños, mujeres en el parto y jóvenes que no han contraído matrimonio; aquellos muertos fallecidos de forma violenta; y finalmente, aquellos humanos que tras su muerte no recibieron las honras fúnebres adecuadas.

Se conocen más de 1.600 tablillas, la mayoría de las cuales están escritas en griego, aunque el latín sigue siendo la lengua imperante en las tablillas halladas en el Occidente del Imperio. Cabe mencionar que existe un número escaso de tablillas que han sido encontradas acompañadas de una serie de figuras que representaban el cuerpo del defixus, de la víctima, una especie de "muñecos vudú" que realmente eran pequeñas figuras de plomo, arcilla o cera, que completaban el ritual mágico de someter a la persona representada a la voluntad del defigens. En cuanto a los materiales, destaca la supremacía del plomo. Tradicionalmente se ha defendido el uso del plomo por su bajo coste, la facilidad que da para realizar inscripciones y su composición, haciendo del plomo el material mejor adaptado para las necesidades que lleva consigo el buen funcionamiento del rito de las tabellae defixionum. Sin embargo, el plomo se relaciona fuertemente con el mundo funerario, puesto que era sinónimo de desgracia y muerte vinculado directamente con el temido dios Saturno, hecho que se observa además en la naturaleza del metal, en su aspecto de palidez y frialdad. Con todo, tanto a nivel arqueológico como literario, se conservan testimonios que documentan el uso de otro tipo de metales tales como estaño y cobre.

Se ha clasificado las defixiones en cinco categorías en función del fin que los defigentes buscasen con la realización de las tablillas. Nos encontramos con defixiones agonísticas, caracterizadas por su contexto deportivo cuyo fin sería la victoria sobre todo en las carreras circenses sobre otros rivales. Las tablillas realizadas en ámbito de lograr justicia por parte del defigens en diversas causas; las relacionadas con intercambios comerciales; las localizadas en contextos judiciales; y, sobre todo, las tablillas eróticas o de motivos amorosos, que buscaban tanto la separación entre dos amantes como el amor incondicional de una persona sobre el definges que realizaba la defixio.

A continuación, como en artículos anteriores -tales como La pasión por las carreras, Los peligros del parto en Roma o En memoria del amigo más fiel- os dejamos algunos ejemplos. ¡¡Esperamos que os gusten!!

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El primer ejemplo, AE 2008, 702, fue hallado en la antigua Britannia, en concreto en lo que fuera la ciudad de Ratae Coritanorum, hoy Leicester. Como es lo más frecuentes, se realizó en plomo.

D{a}eo Maglo od eu{u}m qui fr(a)udem
fecit de pa(e)d(ag)o(g)io od el{a}eum qui
furtum de pada(g)o(g)ium sa(g)um
qui sa(g)um Servandi invola-
vit 
S[il]vester Ri(g)omandus
S[e]nelis Venustinus
Vornena
Calaminus 
Felicianus
Ruf{a}edo
Vendicina
Ingenuinus
Iuventius
Alocus
Cennosus
Germanus
Senedo
Cunovendus
Regalis
Ni(g)ella
[[S[enic]ianus]]
od ant{a}e nonum diem
illum tollat
qui sa(g)um involavit Servandi

"Al dios Maglus, le doy al ratero que ha robado la capa a Servandus. Silvestre, Riomandus... (sigue una lista de aproximadamente 18 sospechosos)... Que lo destruya antes del noveno día, la persona que robó la capa a Servandus"

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Del otro extremo del Imperio, proviene AE 1893, 27, en concreto de Hadrumetum, hoy en Túnez. Hallada en la tumba de un niño, nuevamente es de plomo y mide 11 por 9 cm, estando grabada por ambas caras. En la primera de ellas, hallamos grabado un demonio con una cresta de gallina sobre la cabeza; en su mano derecha sostiene un vaso con un asa; en la izquierda, un largo pie rematado en un lámpara, o quizás un incensario. De pie sobre un esquife, en su pecho puede leerse quizás su nombre (Baitmo / Arbit/to) o algunas palabras mágicas (Antmo / arait / to). Tras él hay grabadas más palabras mágicas de significado desconocido (Cuigeu / censeu / cinbeu / perfleu / diarunco / deasta / bescu / berebescu / arurara / baxagra). Sobre el esquife se encuentran los siguientes nombres: Noctiuagus, Tiberis, Oceanus... pertenecientes quizás a caballos. El sentido de la inscripción es claro: el autor, seguramente un auriga perteneciente a la facción roja o la azul o un seguidor de la misma, recurre a la ayuda de un demonio para eliminar a los aurigas y a los caballos de las facciones rivales, tal como deja claro la otra cara de la inscripción.

Adiuro te d(a)emon qui-
cumque es et demando ti-
bi ex (h)a{n}c (h)ora ex (h)a{n}c di-
e ex (h)oc momento ut equos
prasini et albi crucies
oc(c)idas et agitatore(s) Cla-
rum et Felice(m) et Primu-
lum et Romanum oc(c)idas
collida(s) neque spiritum
illis relinquas adiuro te
per eum qui te resolvit
temporibus deum pelagi-
cum aerium Iao Iasdao

"Te conjuro, demonio, quienquiera que seas, y te pido que desde esta hora, desde este día, desde este momento, a los caballos de los Verdes y de los Blancos, tortures y mates y hagas chocar a los aurigas Claro, Félix, Prímulo y Romano y (los) mates, y ni el espíritu de ellos dejes; te conjuro a través de éste que te desligó para siempre, el dios del mar y del cielo"

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Del mismo corazón del Imperio, proviene CIL VI 140, una tablilla plomo de 12 x 27 cm hallada en la Vía Latina de Roma en el interior de un sepulcro. La defixio fue creada con el fin de encomendar a una mujer, Rhodine, a un Dis Pater para que ésta no pudiera complacer a un hombre, Marco Licinio Fausto:

Quomodo mortus qui istic
sepultus est nec loqui
nec sermonari potest s{e}ic
Rhodine apud M(arcum) Licinium
Faustum mortua sit nec
loqui nec sermonari possit
ita uti mortuus nec ad deos
nec ad homines acceptus est
s{e}ic Rhodine apud M(arcum) Licinium
accepta sit et tantum valeat
quantum ille mortuus qu{e}i
Istic sepultus est Dite Pater Rhodine(m)
tib{e}i commendo uti semper
odio sit M(arco) Licinia Fausto
item M(arcum) Hedium Amphionem
item C(aium) Popillium Apollonium
item Vennonia(m) Hermiona(m)
item Sergia(m) Glycinna(m)

"Del mismo modo que el muerto que está ahí enterrado no puede hablar ni conversar, así Rhodine junto a Marco Licinio Fausto sea muerta y no pueda hablar ni conversar. Así como el muerto no ha sido acogido junto a los dioses ni junto a los hombres, así Rhodine no sea recibida junto a Marco Licinio y tenga tanta salud como el muerto que está ahí enterrado. Dis Pater, te encomiendo a Rhodine, que siempre sea objeto de odio para Marco Licinio Fausto. Igualmente a Marco Hedio Anfión, igualmente a Cayo Popilio Apolonio, igualmente a Venonia Hermiona, igualmente a Sergia Glicina"


Fotografía primera: Hécate, diosa de la magia
Fotografía segunda: Papiro mágico griego
Fotografía tercera: Figura de arcilla usada en ritual mágico 

viernes, 24 de febrero de 2017

La pasión por las carreras

En nuestro anterior artículo, Gladiatores in Corduba, hablamos del que es, sin lugar a dudas, uno de los hallazgos más excepcionales y, a pesar de ello, más olvidados, de la historia de Hispania romana: una necrópolis dedicada exclusivamente a gladiadores, localizada en la antigua capital de la provincia de Baetica, un caso único en la península ibérica del que existen muy escasos ejemplos en el resto del Imperio romano, destacando Éfeso y Stratonikeia, en la actual Turquía, y quizás también en lo que una vez fue Eboracum, hoy York, en las islas británicas. Sin embargo, cuando nos referimos a los antiguos espectáculos romanos, hay otro caso bastante interesante a tener en cuenta, también en la antigua Hispania, y que, como el ya citado de Corduba, es prácticamente desconocido. En esta ocasión, nos trasladamos a otra capital de provincia, Tarraco, para conocer a Eutyches y Fuscus, dos aurigas recordados en sendas inscripciones funerarias en verso.



La primera de ellas, CIL II 4314, se encuentra grabada sobre un bloque de caliza de color amarillento de 26 x 72 x 55 cm. En la parte superior, entre las líneas 1 y 4 de la inscripción, sería cincelado un auriga vencedor con la palma de la victoria en la mano izquierda y el brazo derecho extendido, según una iconografía conocida en el mundo romano; la figura, cuya cabeza por desgracia se ha perdido, fue tallada en bajorrelieve, estando quizás pintada originalmente, y representa al joven fallecido. Realizada con mucho cuidado y cariño, los datos del fallecido, en las cinco primeras líneas, están escritos en letras mucho más grandes que el resto, en verso. Conocida desde el siglo XVI, pasó a formar parte de la edificación del palacio arzobispal de Tarragona en el momento de su construcción, encastrándose en sus muros junto con otras ocho inscripciones, momento en que quizás fue recortada. No sería extraída de allí hasta 1992 con motivo de la exposición Roma a Catalunya.




D(is) M(anibus)
Euty{aurigae imago}cheti
aurig(ae) {aurigae imago}ann(orum) · XXII
Fl(avius) · Rufi{aurigae imago}nus · et
 Semp(ronia) · Diofanis servo · b(ene) · m(erenti) · f(ecerunt)
Hoc rudis aurigae requiescunt ossa sepulchro
nec tamen ignari flectere lora manu
Iam qui quadriiugos auderem scandere currus
et tamen a biiugis non removerer equis.
Invidere meis annis crudelia fata,
fata quibus nequeas opposuisse manus
Nec mihi concessa est morituro gloria circi,
donaret lacrimas ne pia turba mihi.
Ussere ardentes intus mea viscera morbi
 vincere quos medicae non potuere manus
Sparge, precor, flores supra mea busta, viator;
favisti vivo forsitam ipse mihi.

"Al auriga Eutyches, de 22 años. Flavio Rufino y Sempronia Diofanis a su siervo que bien lo merecía. Descansan en este sepulcro los restos de un auriga principiante bastante diestro, sin embargo, en el manejo de las riendas" 
Texto puesto en boca del auriga: "Yo, que montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos, no obtuve permiso, con todo, para conducir más que los de dos. Los hados, los crueles hados, a los que no es posible oponer resistencia, tuvieron celos de mi juventud. Y, al morir, no me fue concedida la gloria del circo, para evitar que me llorara la fiel afición. Abrasaron mis entrañas malignos ardores, que los médicos no lograron vencer. Te ruego caminante, derrames flores sobre mis cenizas: tal vez tu me aplaudiste mientras vivía"

Eutyches, pues, aunque "bastante diestro en el manejo de las riendas", era sólo un principiante y posiblemente corrió muy pocas veces en el gran circo de Tarraco sin alcanzar la fama por sus victorias, ya que señala que no conoció jamás la gloria -puede que incluso no llegara a ganar nunca ninguna carrera- y que, a su muerte, no le llora "la fiel afición"; de hecho, quién le dedica la lápida son sus dos amos, Flavius Rufinus y Sempronia Diofanis, y no sus posibles admiradores, al contrario que a Fuscus, nuestro siguiente protagonista. Es más, su afirmación de que "montaba ya sin miedo los carros tirados por cuatro caballos", nos indica que no hacia mucho tiempo que había comenzado a conducirlas, de ahí que únicamente obtuviera permiso para conducir bigas, no llegando posiblemente a correr en público sobre una cuadriga. Eutyches, fallecido a los 22 años de algún tipo de dolencia estomacal cuando comenzaba a destacar en la arena, únicamente pudo soñar por tanto con la gran fama de Fuscus.





La inscripción de este gran auriga, CIL II 4315, consiste en un altar de piedra caliza local de Santa Tecla de 168 x 71 x (45) cm. La decoración de la parte superior está prácticamente destruida, pero no las molduras superior e inferior que enmarcan el campo epigráfico; en la zona central, presenta de igual forma una fractura de gran tamaño. Como en la inscripción de Eutyches, el epígrafe de Fuscus fue grabado con mucho cuidado, llegando a dejar el lapicida espacios en blanco al final de palabra para indicar la frontera del verso. Conocida desde el s. XVI, los diversos autores indican lugares de hallazgo muy diversos; por desgracia, en el siglo XVIII, el altar fue regalado por el Ayuntamiento de Tarragona al general inglés James Stanhope, quien la transladó a Chevening (Sevenoaks, Condado de Kent, al sur de Londres), donde se haya actualmente. 






D(is) M(anibus)
Factionis Venetae Fusco sacra-
vimus aram de nostro, certi stu-
diosi et bene amantes; ut sci-
 rent cuncti monimentum
et pignus amoris. Integra
fama tibi, laudem cur-
sus meruisti · certasti
multis, nullum pauper timu-
 isti · invidiam passus sem-
per fortis tacuisti; pul-
chre vixisti, fato morta-
lis obisti. Quisquis homo
es · quares talem. Subsiste
viator, perlege, si memor
es. Si nosti, quis fuerit vir,
fortunam metuant omnes,
dices tamen unum. Fus-
cus habet titulos mor-
 tis, habet tumulum · Con-
tegit ossa lapis, bene habet
fortuna, valebis. Fudimus
insonti lacrimas · nunc vi-
na. Precamur, ut iaceas pla-
 cide. Nemo tui similis
τοὺς σοὺς ἀγῶνας αἰὼν λαλήσει

"Hemos consagrado un altar a Fusco, del equipo azul, de nuestros recursos, aficionados como éramos y devotos suyos, con tal de que todos lo reconozcan como un recuerdo suyo y prenda de amor. La fama la mantienes completa, por tus carreras has merecido alabanza, has competido con muchos, incluso sin dinero, no has temido a nadie, a pesar de sufrir envidias, siempre has callado, íntegro, has vivido honradamente, pero como un mortal has muerto cuando te ha encontrado el destino. Cualquiera que seas y leas esto, intenta ser como él. Detente caminante, lee con calma, si recuerdas quién era, si has conocido cómo era este hombre. Teman todos a Fortuna; tú, sin embargo, dirás sólo esto: "Fusco tiene ya las letras de la muerte, tiene una tumba. La piedra cubre los huesos, ¡ya está bien! Fortuna, ya puedes marchar" Hemos vertido lágrimas por este inocente, y ahora verteremos vino. Rogamos que reposes plácidamente. ¡Ninguno comparable a ti! Por siempre jamás se hablará de tus carreras"

La suerte de Fuscus no pudo ser más distinta a la de Eutyches. Estrella del equipo azul, una de las factiones presentes en todo circo romano, de su gran fama habla claramente el hecho de que su inscripción funeraria le fuera dedicada por sus admiradores, quienes solo tienen para su recuerdo palabras de admiración y amor, llegando a definirse a sí mismo como "devotos suyos" y a erigirle como ejemplo a seguir ("cualquiera que seas y leas esto, intenta ser como él"); de hecho, enumeran alguna de sus virtudes más destacadas, como no haber temido a alguien, haber sido indiferente a las envidias, ser íntegro, vivir honrado, saber guardar silencio en el momento adecuado... La influencia de Fuscus, pues, transcendía el ámbito del circo e iba más allá de su habilidad para las carreras, un ejemplo claro de la pasión de los romanos por los espectáculos

viernes, 10 de febrero de 2017

Tras las revueltas de Roma

"Galba se veía llevado de aquí para allá por el vario empuje de la fluctuante turba, mientras por doquier se llenaban las basílicas y los templos, proporcionando un lúgubre espectáculo. Y no es escuchaba voz alguna del pueblo o de la plebe, sino que los rostros estaban atónitos y los oídos atentos a todo; no había alboroto, pero tampoco tranquilidad, cual suele ser el silencio que acompaña a los grandes miedos y a las grandes iras. Sin embargo, a Otón se le anunciaba que se estaba armando a la plebe. Manda que vayan a toda prisa y que se anticipen a los peligros. Y así, unos soldados romanos, como si fueran a arrojar a Vologeses o a Pácoro de su trono ancestral de los Arsácidas, y no marcharan a degollar a un emperador inerme y anciano, tras dispersar a la plebe y pisotear al Senado, irrumpen en el Foro al galope de sus caballos" 
Tácito, Libro I, 40

Así narra la magistral pluma de Tácito, en sus Historias, el asesinato del emperador Galba como consecuencia de la hábil conspiración urdida por Marco Salvio Otón, uno de sus sucesores, en el mes de enero del 69 d.C., más conocido hoy como el Año de los Cuatro Emperadores. El anciano César, desprevenido e indolente, intenta cruzar en su litera el cada vez más atestado foro de Roma; la gente, que quizás haya escuchado rumores de lo que va a suceder a continuación, acude a contemplar el fin de su nuevo emperador con la misma disposición con la que acudiría a contemplar los juegos en el anfiteatro; quizás, incluso, muchos de ellos, descontentos con el nuevo gobierno, estén implicados en el inminente regicidio. De pronto, unos soldados, elegidos por Otón como brazo ejecutor, irrumpen sin ningún miramiento en medio de la creciente turba y la plebe, espantada, huye sin mirar atrás.

Ésta es la forma habitual de describir a los habitantes de la Urbe entre los escritores de la Antigüedad: una muchedumbre siempre ociosa, sin oficio ni beneficio alguno, que, actuando como un único ser egoísta, irracional, manipulable, corruptible y propenso a la violencia, al tiempo que se despreocupa por el bienestar del Estado y el destino de Roma, tan sólo se interesa por su propia integridad, por su diversión y por su insignificante supervivencia. Sin embargo, en una ciudad habitada por más de un millón de habitantes, como es lógico, era imposible que todos pensaran de la misma forma, que todos actuaran de la misma forma y que, por tanto, todos estuvieran a un mismo tiempo implicados en los numerosos disturbios y revueltas que conoció Roma a lo largo de su azarosa Historia. Por desgracia, sus pensamientos individuales, sus puntos de vista contrapuestos, sus diversas vivencias y hasta sus nombres se han diluido en el olvido con el paso inexorable del tiempo, y aquellas personas dispares han quedado reducidas finalmente a lo que nunca fueron, esa muchedumbre anónima, sin rostro, que Tácito tan magistralmente describió en sus obras... O no siempre. Eso es lo maravilloso de la Epigrafía.

Cuando paseamos por el Museo Arqueológico de Nápoles y contemplamos, abstraídos y -¿por qué negarlo?- embobados, las restos siempre impresionantes de las ciudades sepultadas por el Vesubio, es fácil pasar por alto piezas arqueológicas en principio menos llamativas. Es el caso de la inscripción que nos ocupa, CIL VI 29436. Se trata de una tabla de mármol hallada en algún lugar desconocido de la ciudad de Roma que contiene la breve historia de Ummidia Ge y de su esclavo o coliberto Publio Ummidio Primigenio.



Ummidiae Manes tumulus tegit 
iste simulque Primigeni vernae
quos tulit una dies nam Capitolinae
compressi examine turbae
supremum fati competire
diem

Ummidia(e) Ge et P(ublio) Ummidio Primigenio
vix(it) an(nos) XIII P(ublius) Ummidius Anoptes lib(ertus) fecit




"Este túmulo contiene el espíritu de Ummidia, así como el de Primigenio, esclavo nacido en casa, quienes nos fueron arrebatados el mismo día;
cuando ambos fueron aplastados por una turba enfurecida en la colina del Capitolio, ambos llegaron al día marcado por su destino. Para Ummidia Ge y Publio Ummidio Primigenio, quién vivió trece años. Su liberto, Publio Ummidio Anoptes, hizo (esta inscripción)"


Datada entre los años 51 y el 170 d.C. en función del tipo de letra, Ummidia y Primigenio pudieron haber contemplado la muerte de Galba en el año 69 a.C. y morir aplastados por la muchedumbre que huía del foro invadido repentinamente por soldados a caballo; pudieron caer durante los disturbios posteriores a la muerte de Nerón, durante el asalto al Capitolio por las tropas de Vitelio, al fallecer también asesinado Domiciano, o en las protestas contrarias a Cómodo. Pudieron perecer en alguna protesta por el alto precio del trigo, por algún impuesto abusivo, por alguna guerra impopular, por algún político desprestigiado, o por algún otro conflicto que nunca conoceremos... Ambos son parte de los infinitos protagonistas desconocidos de la Historia. Pero, al menos, gracias a esta inscripción tan humilde, podemos distinguirlos con algo de esfuerzo entre la densa multitud desconocida, y puesto que en la Antigüedad decir el nombre de los muertos era traerlos de nuevo a la vida, si alguna vez pasáis por Nápoles...

te rogo praeteriens dicas 
"te ruego, paseante, digas (su nombre)"




martes, 22 de noviembre de 2016

Los peligros del parto en Roma

En la antigua Roma y, en general, en todas las naciones de la Antigüedad, el deber de toda mujer libre era casarse y, sobre todo, tener la mayor cantidad posible de hijos legítimos -mejor si eran varones-, que aseguraran en un futuro muy cercano la defensa, la prosperidad y la supervivencia del Estado. Para lograrlo, las mujeres habrían de afrontar no una, sino varias veces, los múltiples peligros inherentes a todo embarazo y parto, sin más ayuda, en el caso de las más pudientes, que comadronas y parteras, incluso en algunos casos médicos que únicamente se presentarían cuando la situación ya fuera extrema, mientras que las más pobres habrían de contentarse con la ayuda de sus parientes femeninas, que no tenían más experiencia que la de haber sobrevivido a sus propios partos, cuando no debían dar a luz solas.

Con tan exigua e inexperta asistencia, muy escasos conocimientos del cuerpo femenino, reducido saber médico, facilidad para contraer infecciones y el increíble número de complicaciones -nacimiento prematuro, parto prolongado, desgarro vaginal, sufrimiento fetal por falta de oxígeno o de riego sanguíneo, problemas con el cordón umbilical, mala colocación del feto, malformaciones, alteraciones en la placenta...-  que pueden presentarse tanto en la gestación como durante el alumbramiento, no es de extrañar que existieran innumerables divinidades relacionadas con este momento tan delicado en la vida de la mujer: junto a Juno Lucina, la principal divinidad que guiaba el nacimiento, hallamos Picumno y Pilumno, hijos de Júpiter que presidían la tutela de los niños; a Vagitano, que abría la boca del recién nacido para que se produjera el primer llanto; Alemona, que alimentaba al feto durante el embarazo; Rumina, quién lo alimentaba una vez nacido; Antevorta, que asistía los partos cuando el niño venía de cabeza; Postverta, si el pequeño venía de pie: Vitumno, que le daba la vida en el momento de nacer; Cuba, que le llevaba a la cama; Cunina, quién le acunaba y lo protegía contra los malos presagios... No obstante, a pesar de toda la ayuda divina y humana que pudiera prestarse a la parturienta, la muerte como consecuencia del embarazo y el parto nunca dejó de ser la principal causa de fallecimiento entre las mujeres en edad adulta en la antigua Roma, algo de lo que ha quedado constancia en las fuentes epigráficas.

Hoy os traigo el que para mí es el testimonio más conmovedor y estremecedor de esta realidad: CIL III 9632. Hallado en Salona en el año 1884, en la provincia romana de Dalmatia (actual Solin, en la moderna Croacia), y en la actualidad en el Museo Arqueológico de Split, se trata de un sarcófago datado en el siglo IV y fragmentado en siete partes, en bastante mal estado de conservación. Desconocemos tanto el nombre de la fallecida como de aquellos que le dedicaron la inscripción -su marido, sus hijos y su yerno-, si bien la escena presentada a través de tan enternecedores versos es cuanto menos desoladora. La fallecida, madre de varios hijos adultos y casados -puede incluso que ya fuera abuela-, queda nuevamente embarazada a una edad avanzada para la época, cuarenta años, edad en la que incluso en la actualidad la gestación se considera de riesgo. Durante el parto, su último hijo muere dentro de su útero sin llegar nunca a nacer -o puede que ya hubiera muerto los meses precedentes durante la gestación- y, en consecuencia, la madre también muere.

[Heu q]uamquam las[si cunctuamur]
sca[lpere versus]
utpote qui [maesto funere con]-
[ficimur] idcircoque [omni luctus renovatur in]
ictu
audemus tamen haec [edere cum]
gemitu
ex iu[---]
[------]
[---g]e[n]itam
[huic placidam requiem tri]buat deus onmi-
[pote]ns rex
[insontique animae s]it bene post obitum
[multa tulit nimis adversi]s incommoda rebus
[infelix misero e]st fine perempta quoq(ue)
[quadraginta a]nnos postquam trans-
[egit in aevo]
[fu]nesto gravis heu triste puerperio
nequivit miserum partu depromete fetu(m)
hausta qui nondum luce peremptus abiit
adque ita tum geminas g[e]mino cum corpore
praeceps
letum ferali [transtu]lit hora an[imas]
at nos maerentes coniux natique
generque
carmen cum lacrim[is] hoc tib[i condidimus]

"¡Ay de nosotros! A pesar de que, exhaustos, dudamos de inscribir estos versos (pues, como nos ha conmovido este triste funeral, nuestra tristeza se renueva con cada golpe [¿de cincel?], todavía nos atrevemos a hacer público nuestro dolor, junto con nuestro lamento... [faltan varias palabras]... hija".
 "¡Qué Dios, rey todopoderoso, la conceda un descanso tranquilo, y esté bien dispuesto hacia su alma inocente tras su muerte!" 
"Desdichada, tuvo muchos inconvenientes en un mundo excesivamente duro, y murió también de una miserable muerte después de haber sobrevivido cuarenta años de su vida. Cuando estaba embarazada, ¡ay de nosotros! ¡la tristeza!, en un parto calamitoso fue incapaz de dar a luz, al dar a luz a su desdichada descendencia, quién se marchó, muerto, incluso antes de nacer, y así su muerte precipitó en una hora fúnebre dos almas en un solo cuerpo."
"Pero nosotros, su marido, sus hijos y su yerno, le entregamos este poema de luto junto a nuestras lágrimas"

Lo peor es lo que no nos cuenta la inscripción: en tales casos, en que el bebé fallece antes o durante el parto, el procedimiento médico a seguir era extraer el feto del interior del cuerpo de la madre cortándolo en pequeños pedazos que facilitaran su extirpación, para lo cual el cirujano contaba con forceps, espéculos tijeras y un gran número de cuchillas de diverso tamaño y forma. La decisión sobre llevar a cabo o no esta "operación" debía de tomarla el padre, quién debía por tanto elegir entre permitir que desmembraran a su hijo con la ténue esperanza de salvar a su esposa o bien dejar morir a ambos. En caso de elegir la primera opción, y en un momento en que no existían analgésicos, sedantes o calmantes, podemos imaginar el sufrimiento tanto psicológico como sobre todo físico que se causaba a la madre y la facilidad con la que se producían infecciones y hemorragias. Así pues, no es de extrañar que la familia de la fallecida en su inscripción funeraria calificara el parto como "calamitoso", su muerte como "miserable" y la desearan un "descanso tranquilo"

Por desgracia, la muerte de nuestra desconocida no fue el único caso de una mujer muerta durante el parto, si no que por toda la epigrafía del Imperio hallamos numerosos ejemplos. Como ya hice en la anterior entrada, En memoria del amigo más fiel, dedicada a los perros, aquí os dejo otros epitafios:

*****

También de Salona, en la provincia romana de Dalmatia (actual Solin, en la moderna Croacia), procede CIL III 2267, datada en el s. III


D(is) M(anibus)
Candidae coniugi bene me-
renti ann(orum) p(lus) m(inus) XXX qu(a)e me-
cum vixit ann(os) p(lus) m(inus) VII
qu(a)e est cruciata ut pari-
ret diebus IIII et non pe-
perit et est ita vita fu-
ncta Iustus conservus p(osuit)


"A los dioses Manes de Cándida, mi esposa benemérita, de más o menos treinta años, que vivió conmigo más o menos 7 años. Fue torturada por cuatro días de parto y no llegó a dar a luz. Así murió. Iustus, su compañero esclavó, colocó (esta lápida)"

*****

Nos trasladamos ahora a Sarnum, en la región de Latium et Campania, en la actual Italia, para leer CIL X 1112. Fue dedicada a Orestila, por su marido Evodio, quién menciona que lo hace en contra de lo prometido a los dioses en caso de no responder a sus oraciones (contra votum)

Felix Orestila qu(a)e
feliciter Crispino Evodio
nupsit puerperio vix
educta infeliciter obiit 
maritus pientiss(imus) ucsori s(uo)
b(ene) m(erenti) fecit
contra votum

"Afortunada Orestila que, en virtud de la buena suerte, estuvo casada con Crispino Evodio, murió por desgracia apenas salió del parto. Su marido piadosísimo dedica (esta lápida) a su esposa que bien lo merecía, a pesar de que sus oraciones no fueron contestadas"

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Otra inscripción de la región de Latium et Campania, pero esta vez procedente de Tusculum, es CIL X 2737

Rhanidi Sulpiciae l(ibertae)
delicio
nata brevi spatio, partu subiecta nec ante
testatur busto tristia fata Rhans
namque bis octonos nondum compleverat annos
et rapta est vitae, rapta puerperio
parentis tumulus duo funera corpore in uno
exequias geminas nunc cinis unus habet


"Para Rhanis, liberta de Sulpicia, nuestra delicio. Nacida hace poco tiempo, no acostumbrada a dar a luz antes, Rhanis da testimonio de un triste destino en su pira. Cuando aún no había completado dieciséis años, le fue arrebatada la vida en el parto. Esta tumba contiene dos almas en un solo cuerpo, esta pila alberga los restos y cenizas de dos personas"

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De nuevo viajamos, ahora a Ankara, en la provincia de Galatia (la actual Ancyra, en la moderna Turquía) para presentar nuestros respetos a CIL X 272, quién, al contrario que Rhanis, ni siquiera llegó a cumplir los dieciséis años.

D(is) M(anibus) (sa)c(rum)
Aeturniae Zotic(a)e
Annius Flavianus
dec(urialis) lictor Fufid(i)
Pollionis leg(ati) Gal(atiae)
coniugi b(ene) m(erenti) vixit
ann(is) XV mens(ibus) V
dieb(us) XVIII quae
   partu primo post 
diem XVI relicto
filio decessit


"A los dioses Manes de Aeturnia Zotica. Annio Flaviano, lictor de la decuria de Fufidio Pollio, legado de Galatia, a su esposa que bien lo merecía, quién vivió quince años, cinco meses y dieciocho días, y que murió dieciséis días después de su primer parto, dejando a su hijo atrás"

*****


De Mauritania Caesarensis, en concreto de Satafis (actual Ain el Kébira), procede CIL VIII 20288

D(is) M(anibus) s(acrum)
Rusticeia
Matrona
v(ixit) a(nnos) XXV
causa meae mortis partus fatu[mque malignum]
set tu desine flere mihi kariss[ime coniux]
[et] fil(ii) nostri serva com[munis amorem]
[--- ad caeli] transivit spi[ritus astra]
[---] maritae [---]

"Consagrado a los dioses Manes de Rusticeia, matrona, quién vivió 25 años. La causa de mi muerte fueron un parto y el destino rencoroso. Pero deja de llorar por mí, mi amadísimo marido, y presta atención al amor de nuestro mutuo hijo. Mi alma se ha ido a las estrellas en el cielo [faltan varias palabras, habiéndose conservado sólo "esposa"] "

*****

De Roma procede un nuevo poema funerario, CIL VI 28753, bastante curioso. En primer lugar, el nombre de la fallecida, Veturia Grata, no se halla en ninguna parte del texto, sino que puede formarse a partir de las primeras letras de cada línea, lo que no deja de ser un recurso muy ingenioso que nos hace pensar que el autor estaba más preocupado por la belleza del texto que por el dolor de la pérdida. Asi mismo, las dos primeras líneas pueden resultar en principio confusas ("Quizás sentarse ahora y descansar; ya que está a punto de hacer su viaje..."), hasta que se recuerda que las necrópolis romanas se ubican a lo largo de las principales vías de acceso a las ciudades; así pues, el autor se está dirigiendo a los posibles viadantes que se pararan ante el sepulcro, rogándoles lean la inscripción. Al contrario que los anteriores epitafios, Grata no murió durante el parto, sino en su octavo mes de embarazo, por causas que no se especifican



Vel nunc morando resta qui perges iter
Etiam dolentis casus adversos lege
Trebius Basileus coniux quae scripsi dolens
Vt scire possis infra scripta pectoris
Rerum bonarum (!) fuit haec ornata suis
Innocua simplex quae numquam serbabit dolum
Annos quae vixit XXI et mensibus VII
Genuitque ex me tres natos quos reliquit parbulos
Repleta quartum utero mense octavo obit
Attonitus capita nunc versorum inspice
Titulum merentis oro perlegas libens
Agnosces nomen coniugis Gratae meae

"Quizás sentarse ahora y descansar; ya que está a punto de hacer su viaje, lea de los giros adversos del destino de alguien que está en el dolor. Yo, Trebius Basileus, he escrito esto en el dolor, para que pueden aprender de los escrito abajo directamente desde mi corazón. Ella fue decorada con los dones de la bondad, la simplicidad y la inocencia, nunca planeó ningún engaño. Vivió 21 años y siete meses y dio a luz a tres hijos míos, que ahora deja atrás. Murió, con su útero de nuevo lleno por cuarta vez, en el octavo mes (de embarazo). Atónito contempla ahora el inicio de estas líneas, lee de buena gana, te lo pido, la inscripción de quién se lo merece; así aprenderás el nombre de mi amada esposa"