martes, 22 de noviembre de 2016

Los peligros del parto en Roma

En la antigua Roma y, en general, en todas las naciones de la Antigüedad, el deber de toda mujer libre era casarse y, sobre todo, tener la mayor cantidad posible de hijos legítimos -mejor si eran varones-, que aseguraran en un futuro muy cercano la defensa, la prosperidad y la supervivencia del Estado. Para lograrlo, las mujeres habrían de afrontar no una, sino varias veces, los múltiples peligros inherentes a todo embarazo y parto, sin más ayuda, en el caso de las más pudientes, que comadronas y parteras, incluso en algunos casos médicos que únicamente se presentarían cuando la situación ya fuera extrema, mientras que las más pobres habrían de contentarse con la ayuda de sus parientes femeninas, que no tenían más experiencia que la de haber sobrevivido a sus propios partos, cuando no debían dar a luz solas.

Con tan exigua e inexperta asistencia, muy escasos conocimientos del cuerpo femenino, reducido saber médico, facilidad para contraer infecciones y el increíble número de complicaciones -nacimiento prematuro, parto prolongado, desgarro vaginal, sufrimiento fetal por falta de oxígeno o de riego sanguíneo, problemas con el cordón umbilical, mala colocación del feto, malformaciones, alteraciones en la placenta...-  que pueden presentarse tanto en la gestación como durante el alumbramiento, no es de extrañar que existieran innumerables divinidades relacionadas con este momento tan delicado en la vida de la mujer: junto a Juno Lucina, la principal divinidad que guiaba el nacimiento, hallamos Picumno y Pilumno, hijos de Júpiter que presidían la tutela de los niños; a Vagitano, que abría la boca del recién nacido para que se produjera el primer llanto; Alemona, que alimentaba al feto durante el embarazo; Rumina, quién lo alimentaba una vez nacido; Antevorta, que asistía los partos cuando el niño venía de cabeza; Postverta, si el pequeño venía de pie: Vitumno, que le daba la vida en el momento de nacer; Cuba, que le llevaba a la cama; Cunina, quién le acunaba y lo protegía contra los malos presagios... No obstante, a pesar de toda la ayuda divina y humana que pudiera prestarse a la parturienta, la muerte como consecuencia del embarazo y el parto nunca dejó de ser la principal causa de fallecimiento entre las mujeres en edad adulta en la antigua Roma, algo de lo que ha quedado constancia en las fuentes epigráficas.

Hoy os traigo el que para mí es el testimonio más conmovedor y estremecedor de esta realidad: CIL III 9632. Hallado en Salona en el año 1884, en la provincia romana de Dalmatia (actual Solin, en la moderna Croacia), y en la actualidad en el Museo Arqueológico de Split, se trata de un sarcófago datado en el siglo IV y fragmentado en siete partes, en bastante mal estado de conservación. Desconocemos tanto el nombre de la fallecida como de aquellos que le dedicaron la inscripción -su marido, sus hijos y su yerno-, si bien la escena presentada a través de tan enternecedores versos es cuanto menos desoladora. La fallecida, madre de varios hijos adultos y casados -puede incluso que ya fuera abuela-, queda nuevamente embarazada a una edad avanzada para la época, cuarenta años, edad en la que incluso en la actualidad la gestación se considera de riesgo. Durante el parto, su último hijo muere dentro de su útero sin llegar nunca a nacer -o puede que ya hubiera muerto los meses precedentes durante la gestación- y, en consecuencia, la madre también muere.

[Heu q]uamquam las[si cunctuamur]
sca[lpere versus]
utpote qui [maesto funere con]-
[ficimur] idcircoque [omni luctus renovatur in]
ictu
audemus tamen haec [edere cum]
gemitu
ex iu[---]
[------]
[---g]e[n]itam
[huic placidam requiem tri]buat deus onmi-
[pote]ns rex
[insontique animae s]it bene post obitum
[multa tulit nimis adversi]s incommoda rebus
[infelix misero e]st fine perempta quoq(ue)
[quadraginta a]nnos postquam trans-
[egit in aevo]
[fu]nesto gravis heu triste puerperio
nequivit miserum partu depromete fetu(m)
hausta qui nondum luce peremptus abiit
adque ita tum geminas g[e]mino cum corpore
praeceps
letum ferali [transtu]lit hora an[imas]
at nos maerentes coniux natique
generque
carmen cum lacrim[is] hoc tib[i condidimus]

"¡Ay de nosotros! A pesar de que, exhaustos, dudamos de inscribir estos versos (pues, como nos ha conmovido este triste funeral, nuestra tristeza se renueva con cada golpe [¿de cincel?], todavía nos atrevemos a hacer público nuestro dolor, junto con nuestro lamento... [faltan varias palabras]... hija".
 "¡Qué Dios, rey todopoderoso, la conceda un descanso tranquilo, y esté bien dispuesto hacia su alma inocente tras su muerte!" 
"Desdichada, tuvo muchos inconvenientes en un mundo excesivamente duro, y murió también de una miserable muerte después de haber sobrevivido cuarenta años de su vida. Cuando estaba embarazada, ¡ay de nosotros! ¡la tristeza!, en un parto calamitoso fue incapaz de dar a luz, al dar a luz a su desdichada descendencia, quién se marchó, muerto, incluso antes de nacer, y así su muerte precipitó en una hora fúnebre dos almas en un solo cuerpo."
"Pero nosotros, su marido, sus hijos y su yerno, le entregamos este poema de luto junto a nuestras lágrimas"

Lo peor es lo que no nos cuenta la inscripción: en tales casos, en que el bebé fallece antes o durante el parto, el procedimiento médico a seguir era extraer el feto del interior del cuerpo de la madre cortándolo en pequeños pedazos que facilitaran su extirpación, para lo cual el cirujano contaba con forceps, espéculos tijeras y un gran número de cuchillas de diverso tamaño y forma. La decisión sobre llevar a cabo o no esta "operación" debía de tomarla el padre, quién debía por tanto elegir entre permitir que desmembraran a su hijo con la ténue esperanza de salvar a su esposa o bien dejar morir a ambos. En caso de elegir la primera opción, y en un momento en que no existían analgésicos, sedantes o calmantes, podemos imaginar el sufrimiento tanto psicológico como sobre todo físico que se causaba a la madre y la facilidad con la que se producían infecciones y hemorragias. Así pues, no es de extrañar que la familia de la fallecida en su inscripción funeraria calificara el parto como "calamitoso", su muerte como "miserable" y la desearan un "descanso tranquilo"

Por desgracia, la muerte de nuestra desconocida no fue el único caso de una mujer muerta durante el parto, si no que por toda la epigrafía del Imperio hallamos numerosos ejemplos. Como ya hice en la anterior entrada, En memoria del amigo más fiel, dedicada a los perros, aquí os dejo otros epitafios:

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También de Salona, en la provincia romana de Dalmatia (actual Solin, en la moderna Croacia), procede CIL III 2267, datada en el s. III


D(is) M(anibus)
Candidae coniugi bene me-
renti ann(orum) p(lus) m(inus) XXX qu(a)e me-
cum vixit ann(os) p(lus) m(inus) VII
qu(a)e est cruciata ut pari-
ret diebus IIII et non pe-
perit et est ita vita fu-
ncta Iustus conservus p(osuit)


"A los dioses Manes de Cándida, mi esposa benemérita, de más o menos treinta años, que vivió conmigo más o menos 7 años. Fue torturada por cuatro días de parto y no llegó a dar a luz. Así murió. Iustus, su compañero esclavó, colocó (esta lápida)"

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Nos trasladamos ahora a Sarnum, en la región de Latium et Campania, en la actual Italia, para leer CIL X 1112. Fue dedicada a Orestila, por su marido Evodio, quién menciona que lo hace en contra de lo prometido a los dioses en caso de no responder a sus oraciones (contra votum)

Felix Orestila qu(a)e
feliciter Crispino Evodio
nupsit puerperio vix
educta infeliciter obiit 
maritus pientiss(imus) ucsori s(uo)
b(ene) m(erenti) fecit
contra votum

"Afortunada Orestila que, en virtud de la buena suerte, estuvo casada con Crispino Evodio, murió por desgracia apenas salió del parto. Su marido piadosísimo dedica (esta lápida) a su esposa que bien lo merecía, a pesar de que sus oraciones no fueron contestadas"

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Otra inscripción de la región de Latium et Campania, pero esta vez procedente de Tusculum, es CIL X 2737

Rhanidi Sulpiciae l(ibertae)
delicio
nata brevi spatio, partu subiecta nec ante
testatur busto tristia fata Rhans
namque bis octonos nondum compleverat annos
et rapta est vitae, rapta puerperio
parentis tumulus duo funera corpore in uno
exequias geminas nunc cinis unus habet


"Para Rhanis, liberta de Sulpicia, nuestra delicio. Nacida hace poco tiempo, no acostumbrada a dar a luz antes, Rhanis da testimonio de un triste destino en su pira. Cuando aún no había completado dieciséis años, le fue arrebatada la vida en el parto. Esta tumba contiene dos almas en un solo cuerpo, esta pila alberga los restos y cenizas de dos personas"

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De nuevo viajamos, ahora a Ankara, en la provincia de Galatia (la actual Ancyra, en la moderna Turquía) para presentar nuestros respetos a CIL X 272, quién, al contrario que Rhanis, ni siquiera llegó a cumplir los dieciséis años.

D(is) M(anibus) (sa)c(rum)
Aeturniae Zotic(a)e
Annius Flavianus
dec(urialis) lictor Fufid(i)
Pollionis leg(ati) Gal(atiae)
coniugi b(ene) m(erenti) vixit
ann(is) XV mens(ibus) V
dieb(us) XVIII quae
   partu primo post 
diem XVI relicto
filio decessit


"A los dioses Manes de Aeturnia Zotica. Annio Flaviano, lictor de la decuria de Fufidio Pollio, legado de Galatia, a su esposa que bien lo merecía, quién vivió quince años, cinco meses y dieciocho días, y que murió dieciséis días después de su primer parto, dejando a su hijo atrás"

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De Mauritania Caesarensis, en concreto de Satafis (actual Ain el Kébira), procede CIL VIII 20288

D(is) M(anibus) s(acrum)
Rusticeia
Matrona
v(ixit) a(nnos) XXV
causa meae mortis partus fatu[mque malignum]
set tu desine flere mihi kariss[ime coniux]
[et] fil(ii) nostri serva com[munis amorem]
[--- ad caeli] transivit spi[ritus astra]
[---] maritae [---]

"Consagrado a los dioses Manes de Rusticeia, matrona, quién vivió 25 años. La causa de mi muerte fueron un parto y el destino rencoroso. Pero deja de llorar por mí, mi amadísimo marido, y presta atención al amor de nuestro mutuo hijo. Mi alma se ha ido a las estrellas en el cielo [faltan varias palabras, habiéndose conservado sólo "esposa"] "

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De Roma procede un nuevo poema funerario, CIL VI 28753, bastante curioso. En primer lugar, el nombre de la fallecida, Veturia Grata, no se halla en ninguna parte del texto, sino que puede formarse a partir de las primeras letras de cada línea, lo que no deja de ser un recurso muy ingenioso que nos hace pensar que el autor estaba más preocupado por la belleza del texto que por el dolor de la pérdida. Asi mismo, las dos primeras líneas pueden resultar en principio confusas ("Quizás sentarse ahora y descansar; ya que está a punto de hacer su viaje..."), hasta que se recuerda que las necrópolis romanas se ubican a lo largo de las principales vías de acceso a las ciudades; así pues, el autor se está dirigiendo a los posibles viadantes que se pararan ante el sepulcro, rogándoles lean la inscripción. Al contrario que los anteriores epitafios, Grata no murió durante el parto, sino en su octavo mes de embarazo, por causas que no se especifican



Vel nunc morando resta qui perges iter
Etiam dolentis casus adversos lege
Trebius Basileus coniux quae scripsi dolens
Vt scire possis infra scripta pectoris
Rerum bonarum (!) fuit haec ornata suis
Innocua simplex quae numquam serbabit dolum
Annos quae vixit XXI et mensibus VII
Genuitque ex me tres natos quos reliquit parbulos
Repleta quartum utero mense octavo obit
Attonitus capita nunc versorum inspice
Titulum merentis oro perlegas libens
Agnosces nomen coniugis Gratae meae

"Quizás sentarse ahora y descansar; ya que está a punto de hacer su viaje, lea de los giros adversos del destino de alguien que está en el dolor. Yo, Trebius Basileus, he escrito esto en el dolor, para que pueden aprender de los escrito abajo directamente desde mi corazón. Ella fue decorada con los dones de la bondad, la simplicidad y la inocencia, nunca planeó ningún engaño. Vivió 21 años y siete meses y dio a luz a tres hijos míos, que ahora deja atrás. Murió, con su útero de nuevo lleno por cuarta vez, en el octavo mes (de embarazo). Atónito contempla ahora el inicio de estas líneas, lee de buena gana, te lo pido, la inscripción de quién se lo merece; así aprenderás el nombre de mi amada esposa"

4 comentarios:

  1. Magnífica entrada. Tengo la carne de gallina.

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  2. Enhorabuena, interesantísimo trabajo.

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  3. Buenísimo y muy muy interesante.

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  4. Me gustó eso de «supervivencia del estado». Felitaciones!

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