viernes, 3 de marzo de 2017

Las últimas palabras de Nerón

A finales del año 67 o principios del 68, Cayo Julio Vindex, gobernador de la Galia Lugdunensis, se rebeló contra la autoridad del emperador Nerón. Éste enviaría a Lucio Verginio Rufo, gobernador de la Germania Superior, a sofocar la revuelta, y Vindex pidió ayuda a Servio Sulpicio Galba, gobernador de Hispania Citerior, quién sería proclamado nuevo César por su ejército. Verginio Rufo, sin embargo, derrotaría en batalla a Vindex cerca de Vesontio (actual Besançon) y éste se suicidaría; Galba fue declarado, de inmediato, enemigo público por el Senado romano.

Nerón había recuperado así el control militar del Imperio en pocos días, pero su tiempo como César tocaba a su fin. En junio, traicionado por las cohortes urbanas y la guardia pretoriana, ambas sobornadas por Icelo, liberto de Galba, es declarado en su lugar enemigo público y condenado al castigo reservado en exclusiva a los parricidas por el Senado, el cual no tarda en reconocer nuevo emperador a Galba. Nerón huyó de inmediato por la Via Salaria hasta la villa de su liberto Faón, en la que se suicidó un 11 de junio del año 68 con la ayuda de su secretario, Epafrodito. Sus últimas palabras, según Casio Dio y Suetonio, fueron: ¡Qué artista muere conmigo!, en referencia a su afición a tañer la lira y actuar ante el público en la tragedia y la pantomima.

Sin embargo, ¿es ésta afirmación cierta? En realidad, ni fueron sus últimas palabras ni posiblemente quiso decir eso. Vayamos a las fuentes clásicas. Con sentido dramático, sería Casio Dio quién las dejó para el mismo final: “De ese modo se mató, luego de pronunciar esa observación tantas veces citada: ¡Júpiter, qué artista perece conmigo!”.Suetonio, en cambio, las sitúa antes, justo después de la llegada de Nerón a la villa suburbana:
“Al final, mientras sus compañeros lo exhortaban unánimemente a salvarse tan pronto como fuera posible de las indignidades que lo amenazaban, él les ordenó que cavaran en su presencia una fosa proporcionada a la talla de su persona, reunieran todos los fragmentos de mármol que pudieran encontrar y al mismo tiempo llevaran agua y madera para disponer al cabo de su cuerpo. Mientras cada una de esas tareas se cumplía, Nerón sollozaba y repetía una y otra vez: ¡Qué artista pierde el mundo! -Qualis artifex pereo!-”
Los lectores modernos, influidos por la imagen de Nerón trasmitida por las fuentes antiguas y difundida entre el gran público por obras como Quo Vadis? -tanto la novela de Henryk Sienkiewicz como sobre todo la película de 1951 con un magnífico Peter Ustinov en el papel de Nerón-suelen malinterpretar constantemente estas últimas palabras. El término Artifex ,en el latín de Suetonio, o technites, en el griego de Casio Dio, pueden significar ambos efectivamente “artista” en el sentido de intérprete, pero también “artesano”. En este caso, el contexto es esencial: Nerón está dirigiendo la construcción de su última morada... y no era la primera edificación de la que se hacia cargo.
Una de las facetas más desconocidas de Nerón como emperador es su gran labor como constructor, debido en gran parte al incendio del año 64 que arrasó Roma casi por completo y a las posteriores edificaciones de época Flavia sobre construcciones neronianas; las termas de Tito y el Coliseo sobre los restos de la Domus Aurea son ejemplo de ello. A parte de esta, su Casa Dorada, su más famosa obra, y la reconstrucción de Roma después del ya mencionado incendio, Nerón inició en el monte Celio un templo dedicado al divino Claudio; concluyó un nuevo puerto en la ciudad de Ostia y el acueducto conocido como Acqua Claudia; en la colina Vaticana, finalizó el Circo que diseñara su tío Calígula en los jardines de Agripina la Mayor; en el Campo de Marte, levantó un gran complejo termal junto a los baños de Agripa y un nuevo anfiteatro que sustituyera al de Statilio Tauro, ambos de época de Augusto; en el Celio, construyó el Macellum Magnum o Augusti, un gran mercado de alimentos; ayudó a la reconstrucción de Pompeya tras el terremoto del año 62, etc.
Obras de gran envergadura todas ellas en las que Nerón sin duda debió pensar en el momento de pronunciar aquel amargo Qualis artifex pereo! mientras contemplaba la edificación de su sepultura, no una gran tumba digna de un César, comparable al mausoleo que su antepasado Augusto levantara en el Campo de Marte, sino un patético agujero en la tierra. Imposible que no percibiera el contraste entre el gran artista que fue antaño, levantando casi de la nada una nueva Roma, y el lamentable artesano en el que se ha convertido en sus últimas horas. Nerón, por tanto, no llora de forma egoísta y egocéntrica por el artista que con su muerte pierde el mundo, si no por lo bajo que ha caído.


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1 comentario:

  1. Magnífica entrada. Yo mismo siempre había pensado que se había muerto diciendo que era un artista.
    Gracias por toda la información

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